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Castigo máximo al placer… de los pederastas

Juan Diego Castro

31.08.2012

 

Redes sociales. Placer. Hedonismo. Sexo. Ciencia. Hipocresía. Fanatismo. Ignorancia.  Son palabras que no aparentan relación entre ellas, pero en esta semana que hoy acaba se han convertido en los temas más calientes del debate nacional.

 

Un médico in fieri se desbocó en un “twitazo” y fue echado como interno de pediatría. ¿Qué le pasó a ese muchacho?  Sencillamente la familia, la escuela, el colegio y la universidad no pudieron enseñarle los básicos valores del respeto y la solidaridad.  No es extraño escuchar a algunos jóvenes recién graduados expresarse “fríamente”, más cuando hablan de carros. Pareciera que  se ha implantado la cultura del egoísmo sin límites. En las últimas semanas algunos médicos han adornado las páginas de sucesos como sospechosos de estafas, de narcotráfico, de asesinato y de “cibermalacrianzas”.   El sistema de control social está fallando desde antes de los muchacho se sienten en los pupitres de la clase de Anatomía.

 

La polémica entre algunos representantes de diversas religiones y el gobierno, es crucial.  Está en juego la libertad de conciencia y la libertad de información.  En este mundo inundado de datos y de propaganda, nuestra juventud tiene derecho a no ahogarse en el pantano de la  ignorancia. No es posible que haya quienes en nombre de sus respetables creencias pretendan apagar las luces de la verdad y del conocimiento. Nuestras niñas y nuestros niños tienen derecho a educarse ética y científicamente.  Nuestras chiquitas y nuestros chiquitos están protegidos por el ordenamiento jurídico y cuentan con derechos de última generación como el principio del interés superior del niño, que tiene que aplicarse eficazmente y en todos los casos.

 

La oscura época en que los malditos pederastas destrozaban cuerpos y almas de miles de criaturitas, aún no ha sido olvidada.  Hoy día enseñar a los pequeños a defenderse de los sátiros, a respetarse y respetar a los demás  y a disfrutar sana y seguramente del placer, es un desafío democrático impostergable.

 

La libertad como pilar fundamental de la convivencia social pacífica debe ser defendida con argumentos serios y francos. La enseñanza basada en la ética ciudadana y en la ciencia es requisito sine qua non para la formación de los hombres y de las mujeres del futuro.

El único placer que debe ser fuertemente castigado en nuestra sociedad y en el mundo, es el placer de los agresores sexuales y sobre todo de los pedófilos -que en posiciones de poder de cualquier tipo- destruyen cuerpitos y destrozan almas inocentes.

 

Condenar el placer al cilicio, cambiar la ciencia por la oscuridad; trocar la solidaridad en tarjeta platinum y hacer del respeto malacrianzas, es volver a etapas primitivas del desarrollo humano y social.

 

Más franqueza y más libertad, sin olvidar a Juárez: “el respeto al derecho ajeno es la paz.”  Y sobre todo levantemos la voz: ¡No al oscurantismo!

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