¡Una vieja le complicó la vida!
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- Posteados: 11 julio, 2014
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
“Si esa vieja sale hoy en la noche con esa carajada a mí me complica la vida”. Así le habló una funcionaria de larga trayectoria en la política criolla a una valiente señora que la denunció por segunda en el Ministerio Público. Impresionante. Increíble. Difícil es imaginar que una dama mediática se expresé con tanta frialdad, a pesar de un cuarto de siglo de caminar por los polvorientos trillos políticos.
El correcto ejercicio del periodismo va más allá de la técnica aprendida en las aulas universitarias y de la experiencia acumulada tras muchos años de praxis profesional. El periodismo actual está ligado al compromiso de informar de manera veraz y oportuna. Y siempre con entereza.
En algunos sectores de nuestra prensa aún perdura una corriente ideológica que parte de la falsa premisa: “Todos los políticos son sinvergüenzas”. Mendaz e injusta creencia. En todos los oficios y en todos los quehaceres encontramos a unos y a otros. Si agregaran dos veces la palabrita casi: “casi todos” y“casi sinvergüenzas”, podría ser aceptable. Pero bueno, esa postura atrabiliaria, ha llevado a muchos periodistas a los estrados penales y produjo no pocas condenas a comunicadores y a medios.
La jurisprudencia y la doctrina sobre los delitos contra el honor es clara y reiterada: los funcionarios públicos están sujetos al escrutinio permanente de la prensa y a las denuncias fundadas de los ciudadanos. De existir interés público en el acontecimiento cuestionado y al tratarse de conductas reales y probadas, los medios amén del derecho de publicar esas noticias escandalosas, tienen el deber inquebrantable de informar a la sociedad civil.
Tratar de vieja a una señora periodista es torpe y grosero. Sostener que un grave cuestionamiento -sobre turbias maniobras tributarias, usando a escondidas el nombre, la cédula y la firma de una ciudadana- es una carajada es grotesco. Afirmar que una noticia verdadera le complicará la vida es patético.
La única que tuvo una complicación vital fue la dama que no pudo asegurarse voluntariamente para atender su enfermedad, por que su nombre había sido usado por una política que le reportó ingresos millonarios que ella nunca recibió.
La periodista cumplió con su deber profesional. Felicitaciones. La funcionaria renunció. No había más remedió. Lo extraño fue que culpara públicamente a algunos poderosos de su caída. Surge la pregunta obvia: ¿Será que sus potentes enemigos anónimos hicieron los documentos tributarios cuestionados? Si así fue, esperamos ver pronto las denuncias, con nombres y apellidos. Y que cada palo aguante su vela.
Este triste culebrón, a pesar de su brevedad -duró solo cuatro días- impactó profundamente la conciencia nacional, golpeó violentamente la resquebrajada imagen de la casta politiquera y dejó a las claras la tremenda crisis ética que carcome a la dirigencia estatal.
Veremos cuántos años pasan para que este caso obtenga una respuesta judicial justa y sensata… claro, si las pruebas se obtuvieron correctamente y no prescribe la acción penal.
