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Don Beto Cañas… ¡Benemérito!

Partió don Beto Cañas. Se marchó el patriota, el genio, el hombre bueno y valiente. La nación lo llora. El pueblo lo amará siempre. Dejó su escenario-curul-bufete-escritorio-cátedra-tribuna. Volvió al universo, retorno a La Luz. Ahora está en el eterno teatro de las estrellas infinitas. Su impronta de inteligencia y valentía quedó marcada para siempre en el mármol sagrado del altar patrio.  Honor. Honor. Honor.

Su fuerza y su claridad lo convirtieron en la voz tajante de la conciencia nacional.

Su gracia literaria y su fisga periodística dejaron a sus adversar

 La intrigilla de un presidente  legislativo no empalideció su balota de verdad, cuando acaeció mi coqueta censura parlamentaria. Su voto en contra me honrara siempre.  Frente a la putrefacción del Partido Liberación Nacional, con firmeza levantó la espada de la decencia y buscó su nueva trinchera en el PAC.ios fulminados. La mueca del retrato del tirano arrancado de la Sala de expresidentes y las ofensas de sus estultos retractores, nunca empañaron sus anteojos. La historia del oprobio no merece un marco dorado.

Su gran energía moral desbarató muchos tapias de corrupción. Su maso verbal partió muchas de las oscuras redes de los gusanillos sinvergüenzas que se aún nutren de la inmundicia politiquera.

Don Beto fue un guerrero que trocó su arma revolucionaria en pluma filosa  y en potente micrófono.  Su palabra sabía y cáustica dejó la indeleble marca patriótica en el alma costarricense.

Alberto Cañas Escalante… fue el alquimista de la p

alabra, el abogado de los teatros, el dramaturgo de los estrados, el ciudadano que nunca dejó apagar el fuego de la tea del soldado Juan, el escritor que firmaba con la tinta encendida de Prometeo.

Hace catorce años,  cuando honró al foro nacional con una magistral conferencia en el Colegio de Abogados, levantó su voz:  “Jóvenes colegas, cuando tengan que escoger entre la justicia y el derecho, solo hay una respuesta: Viva la Justicia.”

Lo mínimo que Costa Rica puede hacer para dar una pequeña muestra de gratitud a don Beto Cañas, es declararlo ya como Benemérito de la Patria y hacer que su nombre quedé plantado con letras de fulgurante bronce en el nuevo Museo del Jade.

 

alberto cañas