Periodismo investigativo y delitos contra el honor
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- Posteados: 6 junio, 2014
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
La corrupción que se esparce por doquier es materia pestilente de análisis en el laboratorio periodístico. Los eventos antiéticos y delictivos que brotan a diario, en todos los niveles del estado, con participación de empresarios y de ciudadanos ávidos de dinero, generan una multitud de casos que no sólo merecen una pesquisa fiscal, sino que exigen a los medios de comunicación realizar investigaciones profundas que permitan informar en detalle a la opinión pública y desenmascarar a los pillos.
Los periodistas tienen el deber profesional de hacer cumplir el derecho a la información. Los comunicadores deben descubrir los acaecimientos que afectan a nuestra sociedad, en la función pública y en la empresa privada.
He participado en los últimos meses en juicios donde han sido demandados medios de comunicación y periodistas por haber informado sobre hechos absolutamente contrarios a la ética y al derecho. En esos casos, la justicia hizo caer la espada de la razón, cortando la codicia desmesurada de los demandantes y absolviendo a los periodistas acusados.
Demandas “delirantes” en las que reclamaron miles de millones de colones, por hechos que jamás sobrepasaron la frontera del injusto típico. Las largas y aburridas disertaciones se podían resolver con un pequeño diccionario y un ábaco. Los malos cálculos y el desconocimiento del significado de las palabras mancharon de sinrazón los folios interminables de esas acusaciones.
La codicia no tiene fronteras. Escuché a los reclamantes decir que para ellos el dinero no era lo importante, pero que por el sufrimiento que los llevó dejar de teñirse el cabello, querían sus miles de milloncillos, aunque habían ofrecido un arreglito de varias cifras de ocho ceros.
Como siempre, los estrados nunca dejan de sorprendernos. Allí la naturaleza humana está a plena luz. Un prestamista que se ha cobrado con las casas de sus deudores -que había estado suspendido un año en el ejercicio de su otra profesión-, se atrevió a decir que ya no le pedían préstamos por la deshonra que había sufrido. Y lloraba, si lloraba… en seco cuando declaraba ante los jueces.
Ah prestamista más rajón. Aspetó ante el tribunal, con su voz entrecortada “…yo no soy un quebrado que tiene que pedir un préstamo en el banco para poder hacerse un tratamiento…”
Sus rostros verdosos -como los dólares que nos les restañarán sus maltrechos prestigios- quedaron petrificados cuando el fallo con acompañamiento de lluvia y truenos, les congeló sus billeteras.
El periodismo investigativo tiene grandes desafíos. No faltaran temerarias querellas y demandas usurarias.
