El criminólogo Vicente Garrido (Valencia, España), autor del libro “Los hijos tiranos: el síndrome del emperador”, sostiene que “los jóvenes han perdido, de forma general, el desarrollo del compromiso moral y del sentimiento de culpa, algo que produce unos efectos…
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Los ciudadanos y las ciudadanas, en una república realmente democrática, tenemos derechos y deberes, dentro de los que resaltan los derechos a la información y a la intimidad.
El artículo 12 de la Constitución (1949) dice: “Se proscribe el Ejército como institución permanente. Para la vigilancia y conservación del orden público, habrá las fuerzas de policía necesarias. (…)”
El pasado lunes, Don Fernando Berrocal, ministro de seguridad pública, personalmente denunció ante el Fiscal General, un faltante de armas acaecido en el Arsenal Nacional.
La escabrosa elección del magistrado de la Sala Tercera, sólo tiene diferencias de matiz, con las anteriores escogencias, hechas en Cuesta de Moras.
Ante el innegable cataclismo social que enfrentamos, algunos politiqueros se han atrevido a cuchichear que “hemos tocado fondo”.
Siguen cayendo como plátanos, como plátanos podridos del racimo de la corrupción. Sus declaraciones a los periodistas son monumentos gigantescos de cinismo politiquero. Ahora piden perdón, se arrepienten y claman por compasión celestial.
“Reventarán más casos”, fue el eco del más fuerte rumor que esta semana, inundó los zaguanes fiscales. Don Francisco lo confirmó ante los periodistas el miércoles: “Faltan otros casos por reventar”… Ya no hay duda. La podredumbre está apenas destapándose.
Algunos creyeron que los problemas de la seguridad pública estarían resueltos “desacuartelando” a la fuerza pública, importando un nombrecito rimbombante como “policía de proximidad”,