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La elección de magistrados

La escabrosa elección del magistrado de la Sala Tercera, sólo tiene diferencias de matiz, con las anteriores escogencias, hechas en Cuesta de Moras.

Cuando resultaron electos dos hermanos, al mismo tiempo, uno para la Corte, otro para la Contraloría, todos observamos… con asombro, el tremendo poder político de esa familia. No hay duda… que son poderosos, lo son y mambo.

Fue una doble y genial movida de ajedrez parlamentario, dos hermanos a dos altos cargos. Por dicha el de la contraloría no fue reelecto, ni se ha vuelto a oír.

El nombramiento del Defensor de los habitantes, resultó de cuento; cuán duro le dieron, cuánto resistió y ahí está, a punto de postularse a cualquier otra candidatura, y quizá hasta lo reeligen.

El anterior contralor, fue destituido… cuánta deshonra. Ese capítulo negro de nuestra historia, será escrito con un tizón, en la pared oeste de la pirámide de Sabana sur.

Ahora, cuando los borbollones nauseabundos de la olla politiquera, pringan por todas partes, llenan de vaho rancio las pantallas y las páginas y se disipan en los pantanosos trillos “curularios”… mientras la selección de la persona que se sentará –hasta que se jubile- en la silla vacante de la Sala de Casación Penal, da vueltas y vueltas en ese remolino de intrigas desparramadas por el nuevo bulevard, entre la Corte y la Asamblea Legislativa.

Han repartido fotos de funcionarios abrazados con el afán de “dar color”, rumores, infamias, antecedentes amorosos y toda clase de ruindades. Que esa ventolera no arroje dentro de los altos pisos del edificio de travertino, a quien jala y retuerce todas las coyundas de sus contactos, de sus compinches consultoras de una universidad extrajera, de sus mimadores en la Corte.

No es posible, ni decente, que resulte premiado con una magistratura inmerecida, quien se negó a informarle a los diputados sobre sus jugosas ganancias en consultorías brindadas en el extranjero, durante sus vacaciones o en sigilosos permisillos sin goce de salario.

No es correcto, que quien renunció a su alto puesto en el Poder Judicial, y volvió gracias a una ridícula interpretación legal y “convencido” por los fiadores de su multimillonaria beca -después de su imborrable huella de avidez por ganar muchos dólares como consultor-, salga ahora con cresta de gallo tapado. Ese si será el punto final del desastre.

El nuevo magistrado de la Sala Tercera no puede ser un olvidadizo, que devuelve platas malganadas varios meses después, ni quien esconda los dólares que se gana en el extranjero. La persona que ocupe ese puesto, tiene que ser alguien transparente … y no un mimado de la argolla que lo protege y promueve.