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Costa Rica no ha tocado fondo

Ante el innegable cataclismo social que enfrentamos, algunos politiqueros se han atrevido a cuchichear que “hemos tocado fondo”.

Mentira. No hemos tocado fondo. Todavía falta mucho para conocer el fondo del desastre. La catástrofe no ha acabado.

Ahora, que usted lee esta columna, se están cometiendo muchos actos de corrupción y de delincuencia, en nuestro país.

Ayer se destapó otro crimen terrible: 45 niños abusados en Goicoechea. Antier se informó del asesinato de un joven ingeniero… ¡y no pasa nada!… la delincuencia común nos golpea salvajemente.Apenas han brotado las primeras secreciones de la maldita corruptela, que desde hace decenas de años carcome la sociedad costarricense.

No son los fariseos, que siempre han traficado influencias, quienes pueden hablar – a estas horas- de honestidad y transparencia.No es quien por haber sido ministro, se trocó de repente en el abogado de una poderosa empresa que cañoneó al ICE, cuando querían arrebatarle la telefonía celular.

No son esos mañosos maquillados de bondad, que sólo buscan atrapar incautos en sus proyectos electoreros, quienes serán capaces de enfrentar seriamente, sin demagogia, ni falsas posturas, la incuestionable crisis que enfrentamos los costarricenses.

Esos, los vividores de la politica, no nos seguirán engañando. Esos que se mueven como lombricillas hediondas en las tripas del poder, no tienen otro interés que estar en el sitio y en el momento adecuado, para que les caiga encima una coima millonaria.

Los costarricenses estamos ahítos de dirigentes corruptos y cobardes. Tan pillos son los que se hinchan de sobornos, como los cómplices que callan y se sacian con las boronas. Muchos de los que cacareaban en los medios de comunicación están “hechos un puñito”, ni chistan, ni se aparecen… están horrorizados de sus largas colas…

Sin sorpresa he observado la arrogante frialdad de quien enarbola el principio de inocencia, como un dogma de fe a su favor, como su presunción iure et iure… cínica parodia de la frase monárquica “el estado soy yo”… ¡yo soy inocente… hasta que me de la gana!…

Hemos escuchado lamentos ridículos, con lágrimas y real dolor. Hemos percibido el escandaloso silencio de quienes otrora vociferaban por faltas veniales y hoy cierran sus labios frente a la atroz criminalidad de los saqueadores.

La purga apenas principia. Los parásitos están enquistados al poder. Pasaron muchos años mientras sus malsanas ventosas se pegaron en todas partes. Hay lombrices que se han engordado tanto, dentro de los intestinos políticos, que sólo se diferencian de una enorme víbora, en la falta de colmillos, que de por sí, no los necesitan… ellos no muerden, chupan, succionan, engullen, hasta reventar sus cuentas bancarias en dólares.

¡Claro que no hemos tocado fondo!. Ni siquiera nos imaginamos cuánto ha penetrado la parasitosis politiquera en las entrañas patrias. A pesar de que la información se publica con gotero, nos entusiasma que, gota a gota, brote la podredumbre.

En países vecinos, por denuncias de menos importancia, hubo muchos muertos… Todavía los parásitos no han logrado destruir las bases de nuestra República. Aún queda alguna esperanza en nuestro Derecho, pero la licuefacción sigue en marcha… en la Asamblea Legislativa existe un proyecto de Código Penal, irrespetuoso de las víctimas y tremendamente alcahuete con los delincuentes. ¡Cuidado! No olvidemos que la peste es muy grave, para cargar su remedio, en las espaldas de los fiscales y de los jueces.