¿Quién tiene el control del sonido?
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- Posteados: 7 marzo, 2014
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
Después de una hora de espera, al momento del cierre de la edición de medio día de los telenoticieros, apareció el candidato ante decenas de cámaras y micrófonos. Su sonrisa de siempre, automática y blanca, fue la misma para las alegrías y para las tristezas. El rostro de espanto de su mecenas-manager era frustrado, dramático y trasnochado. La furia de su hermano con un periodista fue delirante. El destemplado coro de la plañidera tarareaba el corrido del Guayacán, con más valentía de los que no hablaban. Las caras de congoja y pena ensombrecían el ambiente. El presentador anunció que el candidato no respondería preguntas de los periodistas y en el instante que arrancó el espectáculo… ante decenas de micrófonos sobre el raído tapete verde, el protagonista preguntó: ¿Hay micrófono?… Las caras de los acompañantes de atrás, se transformaron en máscaras de pálida sal. Los maquillajes empezaron a desquebrajarse y el silencio invadió el salón, no se escuchaba ni el vuelo de un zancudo y el actor estelar preguntó de nuevo: ¿Quién tiene el control del sonido?… Los segundos avanzaron lentamente, brotaron los técnicos temblorosos y los terremotos faciales eran terribles, la avalancha de maquillajes derretidos y rímeles lacrimosos se derramaba por todos los televisores del país.
¿Quién tiene control del sonido? La respuesta de nuestras conciencias fue apabullante: ¡El mismo que tiene el control del silencio! Es el único que controla la luz y la oscuridad, el día y la noche, el frío y el calor, lo blanco y lo negro… Nadie más.
El angustiado orador -con rostro color de bandera partidaria- leyó su afinado discurso, frío, politológicamente elaborado, árido, plano, desapasionado y sin gracia. No logró conectar el sonido del corazón, el sonido de la sinceridad. No trasmitió un mensaje conmovedor ni convincente. Su sonrisa fue tan blanca como las máscaras de sal que lo rodeaban.
El silencio congelaba el ambiente. Era el pesado silencio de un gobierno desastroso y mudo. Mudo frente a las sinvergüenzadas de la trocha, mudo frente a los turbios negocios estatales, mudo frente al malhadado vuelo en jet ajeno, mudo ante su propia incapacidad… mudo, mudo, mudo.
Algunos de quienes furtivamente controlaban el silencio han caído el miércoles pasado. El sonido social los ha desplomado. Se quedaron sin sonido. El volumen de la aritmética popular fue demoledor. Las cifras escandalosos de la mediocridad, la politiquería y la corrupción, inundaron la conciencia colectiva y el resultado de la ecuación electoral despejó las equis de los fallidos anhelos de ese grupillo irresponsable que nunca aprendió a gobernar para el pueblo.
¿Quién tiene el control del sonido? Todos lo sabemos quien es El Único que lo tiene. El Único que nos dio la vida, Él que nos hizo libres y nos dio la inteligencia para que sepamos evolucionar… si queremos.
Hoy el sino patriótico enfrenta una bifurcación crucial. Debemos escoger entre el sonido o el silencio. Entre la luz o las tinieblas. Entre la justicia o la inequidad. Debemos saber escoger. Ahora apenas estamos despertando a la pesadilla de silencio de los últimos decenios. Debemos afinar nuestros oídos. Debemos afinar la escucha de nuestras almas, para que no nos confundan los sonidos silenciosos ni los silencios escandalosos.
El micrófono de los políticos hace mucho tiempo que está desenchufado del pueblo. ¡Escuchemos el silencio con mucha atención!
