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NO FUE MAL PRAXIS, FUE ASESINATO

Hay crímenes de muchas clases. Hay criminales de toda estirpe. La historia del delito está repleta de episodios escalofriantes, en nuestro país y en el mundo entero.  La perversidad es inagotable. Libros y libros de criminología llenan bibliotecas, con explicaciones sobre los orígenes y motivos de la delincuencia. Pero hay un elemento común a todas las conductas criminales, el autor siempre actua creyendo que no lo van a atrapar, o al menos, como se ha puesto de moda en nuestra carcomida sociedad tica: “soy inocente, no me lo pudieron probar”.  Los registros jurisprudenciales contienen miles de sentencias que resaltan las cualidades de esos especímenes espernibles que tanto daño causan a la sociedad.

Podemos elaborar muchas clasificaciones sobre los criminales.  Lombroso, Ferri, los sociólogos, los genetistas, los filósofos y hasta los religiosos ofrecen diversos parámetros para etiquetar a los infractores de la ley penal. La verdad es que los criminales son criminales y punto.

Cuando el delincuente usa gabacha, estamos frente a un tipo especialísimo de antisocial. Los médicos, por su vocación y por su misma profesión, ocupan un sitio en la sociedad donde son vistos -y muchos se sienten así- como semidioses con poderes de vida y muerte.

Los anales judiciales criollos contienen muchos casos de descuidos médicos, de mal praxis, con muertes, lesionados y personas con traumas imborrables para el resto de la vida. Médicos condenados por autores de delitos de homicidios y lesiones culposas. Con penas simbólicas.

Ahora surge un caso terrible. Un cirujano abandona a un bebé en el quirófano para atender sus llamadas telefónicas y después se va para una clínica privada a operar a un paciente particular.

El asunto es gravísimo y no podrá ocultarse como la leyenda negra de las decenas de bebés cardiópatas que murieron en circunstancias sospechosas, casos que se ha investigado perezosamente  y años después no ha pasado nada.  El misterio del quirófano se ha roto y los gruesos muros del silencio hospitalario se han quebrado, gracias a una notificación disciplinaria por el diario oficial.

Con los datos publicados, estamos frente a un hecho criminal insólito. No se trata de una simple mal praxis.  Son varios los hechos injustos cometidos. Si el especialista recibió salario de la seguridad social por la cirugía inconclusa,  ha cometido el delito de peculado.  Si dejó al bebé abandonado en el quirófano, asumió el riesgo de su muerte, no fue nada más que negligente, fue un asesino, cometió un homicidio por dolo eventual.

Ojalá que las autoridades de la CCSS asuman este asunto como un caso crucial y no dejen que se tape, con la misma sabana que taparon la carita del bebé muerto, con la sábana de la indiferencia, justificada con otro chiste de mal gusto como decir que “al final todos nos tenemos que morir”.

¡Qué se haga justicia!

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