Cargando

ÉTICA, TÉCNICA Y MAL PRAXIS

Las noticias de los últimos días sobre algunos acontecimientos insólitos protagonizados por profesionales de la salud, ya no nos sorprenden, ni son novedosos, ni son insospechados. Diversos casos de delincuencia de gabacha han sido divulgados desde hace mucho tiempo y aunque son pocos los periodistas que dan seguimiento a los resultados judiciales y administrativos  de esos hechos, la mayor parte de las  veces se disipan en dilatados trámites y recovecos burocráticos, hasta desaparecer en la nebulosa de la impunidad. Reflexionar sobre la vertiginosa crisis que afecta el ejercicio de la medicina y de otras disciplinas, es una tarea muy importante que los colegios profesionales no pueden seguir postergando y la sociedad civil debe reclamar, al menos por los timbres que pagamos para esas organizaciones.

Veamos algunos casos reportados por los medios: El rechazo absurdo y cruel de una paciente grave en el hospital México, con el pretexto de ser vecina de otra comunidad. La venta y trasplantes sospechosos de órganos.  La sustracción de costosos equipos quirúrgicos para ser utilizados en clínicas privadas. El ginecólogo que propuso a una jovencita entregarle pastillas abortivas a cambio de un ratito de sexo. Las muertes de bebés en condiciones poco claras en el hospital pediátrico. Los biombos por cirugías bariátricas. Las cirugías estéticas a amiguitas y novias, sin respetar las listas de espera.

La crisis de principios y valores sigue inundando más y más niveles de la práctica profesional.  La maldita consigna es clara:  Ganar dinero… como sea.   Lo importante son los carros lujosos, las casas caras, la ostentación y el derroche.   Dinero. Dinero. Dinero.

Más allá del juramento hipocrático, está la ética ciudadana que exige el comportamiento adecuado a la correcta convivencia social. Esas reglas elementales de respeto humano que han sido olvidadas. No es aceptable una postura tibia frente a las normas esenciales a la dignidad profesional.

La formación técnica, conocimientos y entrenamiento, son esenciales para el correcto desempeño del arte médico. No hay discusión. Las habilidades y destrezas que la sabiduría y la experiencia generan son las preciosas facultades que permiten curar a los enfermos. Pero de nada sirve un alta experticia sin las bases fundamentales de orden ético. No es simplemente una relación civil, donde nada más importan “cosa y precio”.

Los daños corporales y psicológicos producidos por imprudencias técnicas afectan importantes ámbitos del derecho penal, civil, laboral y administrativo. Las consecuencias de los actos médicos contrarios a las reglas de la ética también impactan la esfera legal, pero sobre todo destrozan la estructural moral del paciente y de la sociedad.

El tiempo sigue su marcha. La corrupción erosiona el respeto la confianza en los profesionales.  Los dirigentes callan y se tornan en cómplices del desastre. Los asegurados y los pacientes observamos el espectáculo dantesco que nos aterroriza.  ¿Qué hacemos?