¿ SALA TERCERA ARBITRARIA Y OSCURA?
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- Posteados: 2 mayo, 2013
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
La reciente elección del magistrado Chinchilla, como presidente de la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia, fue como han sido siempre esas escogencias, en todas las salas. Algunas han pasado desapercibidas y otras apenas se conocen en el mundo tribunalicio. Pero, esta vez, una alta funcionaria judicial se atrevió a sostener, públicamente, que “la no reelección del magistrado Arroyo es arbitraria” y, como si eso fuera poco, además, afirmó que “estas decisiones tan importantes carecen de fundamentación y transparencia”.
Tales señalamientos son intemperantes y ponen en entredicho la honorabilidad de al menos tres integrantes de esa sala, quienes fueron etiquetados, a la brava, como arbirtrarios, irracionales y oscuros.
Desde hace muchos años, sabíamos que al quedar vacante la presidencia de la Corte, los bloques políticos magistrales entrarían en choque frontal, como las placas tectónicas, liberando gran cantidad de energía y provocando terremetos en la rancia estructura de ese erosionado poder.
El primer sismo fue en un frijolar y descuartizó el andamio proselitista de don José Manuel, político de grandes habilidades y con magníficas alianzas, el segundo y último ungido de la ya desaparecida Dinastía del Purisco. La correlación de fuerzas se invirtió y, a pesar del lobby electoral, sucumbió y probablemente las réplicas serán más intensas y nunca logrará sentarse en la silla presidencial de la Corte.
La escogencia de otro honorable magistrado para ocupar el cargo de jefe de la sala de casación penal no tiene nada de extraño, ni mucho menos. La costumbre, siempre, ha sido no revelar la votación, que no requiere de muchas cábalas, pues con tres votos contra dos era suficiente, como son los doce necesarios para lograr la presidencia del Poder Judicial.
Sería interesante conocer las razones y las simpatías magistrales por las que se dio el cambio, pero de ahí a afirmar que no haber votado al magistrado Arroyo para que fuera reelecto automáticamente es arbitrario, hay un mar de diferencia.
El gran fracaso del Código Procesal Penal no es factura prescrita para el candidato perdedor, quien, a pesar de los remiendos de los juicios de flagrancia y de las apelaciones, la jurisdicción penal sigue en deuda con la sociedad costarricense, especialmente, con las víctimas del hampa.
Vienen los cambios en la cúpula política judicial, ya tenemos el primero. Emergen nuevas caras con vocación de mando, como el magistrado Solís Zelaya, posible nuevo presidente de ese poder. Doña Anabel León y doña Zarella Villanueva, dos damas de intachable trayectoria. Y otros candidatos que se mueven de forma sutil y sin hacer el menor ruido.