El aguamanil y la jofaina de la jueza de Alajuela
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- Posteados: 18 julio, 2014
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
El húmedo calor de aquella tarde alajuelense, invitaba a todo lo imaginable, menos a una audiencia judicial. Las lozas de la escalera tribunalicia hervían mientras los tacones de una “usuaria” sonaban como martillos de herrería, grada por grada, anunciando el principio de un rito aún indescifrable. El sol seguía tostando la indiferente imagen de la justicia que todos los días se derrite sobre el travertino del frontispicio de los tribunales de justicia de la Ciudad de los mangos.
Al pasar por una de las puertas de la Fiscalía, el calor hizo explotar los mismos tacones, en decenas de martillazos, con gritos, con ira y con bochorno tropical. El rito arrancó con una sinfonía de chicharras metálicas que anunciaban la presencia de la dura ley. Policías con uniforme y sin él, todos con sus esposas en la mano, llenaron de terribles chirridos el ambiente. Todo quedó paralizado. Hasta el bochorno cesó. Los tacones a punto de quebrarse se petrificaron. La fiscal vestida de naranja, impuso el orden. Las lágrimas de la calma brotaron y la rueda de la acción penal pública siguió girando y callaron las chicharras.
En el mostrador del Juzgado Penal, nos atendió la manifestadora, vestida de negro estricto, con su pelo negro y sus tacones negros. Entregamos nuestros carnés amarillos que nos identifican como abogados. La pizarra anunciaba el horario de las audiencias del día y el nombre de las juezas. Ahí estaba nuestro caso, bien apuntado. A la hora exacta nos abrieron la puerta. Fuimos guiados por el laberinto repleto de expedientes, computadoras y auxiliares judiciales. Muy concentrados, no vuelven a ver. Están sumergidos en sus casos. No se oye ni un murmullo. La rueda de la justicia sigue girando. Pasamos por muchas puertas, todas con nombre de jueza, hasta que llegamos a la que tenía la puerta entre abierta… aquí es.
Una mesa con seis sillas y un escritorio –lleno de expedientes- formando una te. La jueza impecablemente vestida y firme. Un hermoso camino de mesa y encima un símbolo inesperado: un aguamanil sobre su jofaina. De porcelana azul y blanca, impecables y llenos de anécdotas, mas no de agua. Siloé…
¿Por qué la jueza tiene ese símbolo en su oficina?, ¿Por qué está en el centro de la pequeña mesa, donde separa a las partes que en torno a ella se sientan?
Un aguamanil y una jofaina para que los abogados y las partes se laven bien. Se laven la cara, se laven las manos y se laven sus mentes. Maravilloso símbolo. Que todos se sienten frente a la sacerdotisa de Maat con las manos limpias, aunque los reos no estén obligados a lavarse (sería contra los derechos humanos).
Aquella audiencia terminó en conciliación. Los abogados y las partes entendimos el mensaje de la sabia jueza penal de Alajuela.
¡Que coloquen aguamaniles y jofainas en todos los estrados!
