EL ESCOTE DE LA IMPUNIDAD Y LA MINIFALDA DE LA MORA JUDICIAL
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- Posteados: 6 diciembre, 2012
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
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El miércoles pasado, con tamalitos, aguadulce y el fino aroma de las colonias magistrales, el juez supremo Mora Mora ocultó el escote de la impunidad y la minifalda de la lentitud judicial.
Con más de un noventa por ciento de denuncias penales que no han tenido respuesta judicial en los últimos catorce años, ayer -adornado de pastoras rojas- el magistrado presidente rindió su informe anual a la prensa. El contrapunto fue mayor que lo dicho. El discurso cubrió con un fino velo la grave crisis de la administración de justicia. Tres decenios en el poder, a cualquiera le provocan el síndrome de María Antonieta… si no hay pan que les den pasteles.
La realidad judicial es muy diferente a la cálida acuarela pintada ayer -entre villancicos- por uno de los más antiguos funcionarios públicos del país. Político honesto e inteligente. Basta visitar la “sala de juicios” a la orilla de la escalera, en el segundo piso, de los Tribunales de Puntarenas, con escasos cinco metros cuadrados, para percatarse de los verdaderos colores fosforescentes de la oralidad.
Pero lo más chistoso de todos fue el anuncio del más simpático reglamento sobre la vestimenta de los empleados y funcionarios judiciales. El magistrado Cruz fue otra vez lapidario y con un filoso dardo clavó a sus pares que de manera mojigata están a punto de instaurar la burka como uniforme para las mujeres que trabajan en el Poder Judicial.
Para distraer la opinión pública con semejante majadería, que muy pronto la Sala Cuarta derogará, prohíbieron a las muchachas judiciales que muestren más piel que la de sus caras y manos. Ni en las misas de la Iglesia de la Agonía.
El escote de la impunidad merece que en lugar de gastar el tiempo en la redacción de unas normas de urbanidad trasnochadas, el presidente de la Corte hubiera expuesto un proyecto de reformas legales y organizacionales que permitan un avance real y efectivo de la justicia costarricense.
El problema no está en mostrar el “farallón” de los senos (como decía Joaquín Gutiérrez), ni en la movida de una jueza que se incapacitó muchas semanas para estrenar sus prótesis mamarias.
La crisis no está en las hermosas piernas de una joven funcionaria, que cumple a cabalidad con sus deberes. Lo grave es la raída minifalda que ahora luce la imagen de Temis, pues de su túnica de “justicia pronta y cumplida” sólo queda el taparrabos de la lentitud.
El gran problema del Poder Judicial, no des la moda furris, ni mucho menos. La verticalidad de los mandos políticos superiores y la carencia de propuestas legislativas que incrementen la justicia nacional, contrastan con el silencio que la Corte mostró frente al chorizo de las consultorías internacionales y al relajo de un millar de condenados que nunca fueron a prisión.
Señores magistrados, sean más serios, mientras uno de ustedes fue señalado por conductas de acoso, ahora, para evitar tentaciones van a vestir con hábito religioso a las funcionarias. ¡Por favor!
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