Cargando

Viernes negro para el OIJ

Hoy es un día que quizá sea recordado como el viernes negro de nuestra policía judicial. Esta tarde será celebrada una audiencia preliminar inaudita y crucial, legal y surrealista. Un juez penal ha querellado a tres policías judiciales por los delitos de desobediencia y abuso de autoridad. El Ministerio Público solicitó el sobreseimiento. La inquina y la tenacidad de ese togado -convertido en “actor popular” en defensa del sufrimiento psicológico de un sospechoso de estafa- rebasa los linderos del ego más chúcaro y de la fobia policial enfermiza. Durante el allanamiento en la casa de un presunto defraudador, lo mantuvieron esposado con las manos hacia atrás por el tiempo que duró la revisión del inmueble.  El juez se conmiseró del angelical imputado y “ordenó” que lo soltaran. Los oficiales siguiendo los reglamentos y protocolos y en protección de la integridad de todos los funcionarios presentes, “no le hicieron caso”. Eso pellizcó el frágil ego y desató la ira del inefable “perseguidor de policías desobedientes y abusadores”, quien ha actuado como acusador particular en una audiencia, durante horas laborales y sin permiso.

Otro juez también querelló a dos agentes judiciales más, por cortar un candado en la casa donde practicaban un allanamiento, cuando los sospechosos intentaban huir. Los gritos y los insultos proferidos por la autoridad judicial contra los policías, no se pueden narrar en esta columna.

En estos dos asuntos ejerzo la defensa técnica de los cinco excelentes funcionarios, como lo hice en el caso de una policía perseguida por sus jefes con rencor inédito y terrible desprecio.  Aunque la secretaría de género de la Corte, salió con una chistosa resolución, la Sala Cuarta le puso el cascabel al gato y el expediente fue justamente sobreseido.

Brindo mis servicios profesionales solidarios a estos investigadores y de igual manera lo haré las veces que me busquen y se cometa una injusticia. Mi respeto y mi cariño por todos los policía honestos  y valientes, se remonta desde que intenté recién graduado, en 1979, iniciar mi carrera profesional en el organismo, pero charlatanería de entonces hizo que renunciara muy pronto.

El miércoles pasado, en en el auditorio de la Corte, con cientos de oficiales –que dejaron sus tareas- sentados en sus butacas, un grupito de animadores de karaoke lanzaron un paracaídas roto a su erosionado director, con un discursito que recordó las andanzas que llevaron al ínclito orador a dejar la secretaría general, con poco honor.

Conozco el estilo subterráneo de mi detractor. Se muy bien las armas innobles a las que recurre. Es capaz de mandar a repartir datos del papá de sus adversarios, de filtrar el monto de la pensión de sus oponentes y hasta de aupar a parientes y achichincles para que ataquen a su antojo. Repito: ¡Cuando señalo de frente a un brujo, jamás discuto con su escoba!

Nunca he recibido llamada o nota de ninguna organización gremial de la policía, ni mensaje de apoyo para los agentes perseguidos injustamente por cumplir con sus deberes policiales, ni  el mínimo respaldo a mis gestiones como defensor de ellos.

A los karaokes politiqueros y a las amenazas encubiertas… la verdad.

 

unnamed