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LA NUEVA URBANIDAD FORENSE

En aquellos tribunales de antaño, con sus estrados de mármol,  escritorios de maderas finas, butacas tapizadas para el público, pulcras paredes con enormes óleos de los ex-presidentes de la Corte Suprema de Justicia, sin abanicos eléctricos… cuando el secretario anunciaba el ingreso de los jueces, el respeto absoluto imperaba, entre litigantes y observadores.

Los juzgadores lucían sus trajes impecables y sus sobrias corbatas.  Sin muñequitos de historieta, ni camisas chillonas.   La seriedad y la firmeza del juez presidente era tajantes. El señorío y la seriedad  judicial eran rigurosos y la puntualidad contundente.

Todavía hay muchos tribunales -que a pesar de sus salitas húmedas, incomodas y feas, con butacas de terminal de buses, con estrados bajitos y sillas despachadoras para los abogados-  están integrados por juezas y jueces de muy alto nivel ético y profesional, estrictamente puntuales y respetuosos, cumplidos, serenos y satisfechos con el ejercicio de su sagrada vocación.

También he topado con algunos funcionarios que reflejan una nueva subcultura forense, nacida tras los tabiques de los despachos y desarrollada en un ambiente burocrático enrarecido. Esa nueva contra-urbanidad, sin cortesía, sin respeto, sin amabilidad y sin puntualidad, en la que sólo cuenta lograr diplomas (vacíos) en la universidad más cercana, para alcanzar los pluses salariales y preceder de pedantes abreviaturas sus nombres y aparentar…

Esos nuevos prospectos de “operadores de la justicia” han surgido sin buenas costumbres y sin haber leído el Carreño.  Jueces que no se identifican al iniciar una audiencia.  Jueces que no usan reloj y no se preocupan por el tiempo de ellos y de los demás.  Fiscales que cancelan una reunión pocas horas antes y si explicación alguna.  Fiscales que llegan media hora tarde a una audiencia y se excusan diciendo que “el atraso de debió a cuestiones de genero que no piensa  revelar”.

No comprendo la razón por la que algunos jueces penales, si el defensor no llegó a la audiencia y las demás partes están presentes, incluida la víctima, no está en su estrado y en presencia de quienes asistimos se atreva a resolver “lo que en derecho corresponda”.

He visto auxiliares que llaman por teléfono a fiscales y defensores para que lleguen al tribunal, ya cuando las demás partes teníamos mucho rato de estar ahí.

Esa raída muletilla para acabar las audiencias: “vamos a suspender por lo avanzado de la hora”, debería ser sustituida por una frase sincera y cortés. Y qué decir de la cantaleta “el suscrito defensor” o “esta representación…”  En fin, vivimos un proceso de cambio, hacia arriba o hacia abajo… veremos.

 

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