PERIODÍSTA BURLÓN DE MUJERES VIOLADAS
- Estádisticas: 699 0
- Posteados: 29 septiembre, 2013
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
No me extraña la posición del jefe de redacción de La Nación, Armando Mayorga, en contra de las víctimas de violación. Se que sus colegas no comparten sus burlas y sus estupideces.
No es la primera vez que este sujeto se aprovecha de su profesión y estatus dentro de ese medio de comunicación, para insultar públicamente a las mujeres que han pasado por los terribles traumas de la agresión sexual.
Esa postura machista, repugnante y perversa la mostró, sin tapujos, cuando defendió, con todo el poder de la tinta y el papel de su periódico, a Sergio su familiar, acusado, junto con sus tres amigotes, de ultrajar a una joven. Imputado que, hoy, está libre de un delito sexual gracias a que logró una conciliación con la víctima, quien accedió a esa medida por el largo y terrible proceso judicial que atravesó por más de siete años. ¡No mienta más!
Mayorga cuestiona a las mujeres quienes, víctimas de un ciclo de violencia y constantes agresiones de parte de sus parejas, familiares o desconocidos (como fue el caso de su familiar) temen romper el silencio, denunciar, enfrentar a su victimario. Una gran venda de machismo le tapa los ojos al señor Mayorga y, por eso, prefiere usar las redes sociales para burlarse de las víctimas y apoyar a los agresores.
Dice el comunicador Mayorga, en su cuenta de Twitter que a la sexta, sétima o décima vez que una víctima de violación es atacada por su agresor, eso ya no es violación es que “se dejó”. Dice Mayorga, haciendo un uso irresponsable de la red social para ofender a las mujeres, que en el juicio en contra de un magistrado por violar seis veces a una jueza: “veremos mujeres llorar, veremos feministas movilizadas para protestar, veremos testimonios “desgarradores”, veremos periodistas usados”. Claro ejemplo de un irresponsable con cuenta de Twitter.
Yo no olvido. Así como no olvido su ataque, en el periódico La Nación, en una columna en contra de la víctima de su familiar, su corronga presencia, en las audiencias y las notas del matutino en el que es jefe, tergiversadas, con una clara dosis de subjetividad y editadas a favor de los violadores, no olvido su agresiva columna de antiperiodismo furibundo desbordado, el día que renuncié como ministro, en el año 97. Aquella malacrianza, arrogancia y mentiras terminaba con una pregunta: “¿qué pasara con don Juan Diego?” (tras mi renuncia). Se la respondí, en un derecho de respuesta diciéndole lo que merecía y los que recibió en los estrados del Tribunal Penal, su amiguito con el que intercambiaba bolitas amarillas.
No olvidó, tampoco, la vez que encontré Mayorga, en la oficina del ICE de San Pedro de Montes de Oca, vestidito todo de mezclilla y tez bronceada que cambió de color, al verme, pasando a un pálido, no se si casi cadavérico, porque al darse cuenta de mi presencia, dio media vuelta y salió casi corriendo.
La jurisprudencia nacional y mundial es basta en condenas a violadores que atacan a sus víctimas, en muchas ocasiones, más de seis, más de siete, más de diez, y no es que la víctima se deja, no; es que el agresor sexual ejerce un dominio psicológico y físico sobre ella, la tiene inmersa en un círculo de violencia que es difícil de romper, por eso es que muchas mujeres denuncian, mucho tiempo después de los hechos.
