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MODELO HOLÍSTICO DE LA ABOGACÍA

La abogacía costarricense reclama desde hace más de treinta años un nuevo modelo que le permita superar la turbulencia ética y académica que atraviesa.  El carcomido modelo de la enseñanza del Derecho se mantiene estancado desde hace decenios, manteniéndose en el caldo de cultivo de los decadentes valores en boga. La calidad de los programas de estudio ha descendido a profundidades insospechadas, la competencia mercantil entre las universidades privadas redujo los semestres a cuatrimestres, cursos que antes del presente siglo ocupaban un año, ahora son impartidos en menos de ocho meses. El nivel técnico de las recientes generaciones de profesionales en derecho ha descendido vertiginosamente. La calidad de los servicios profesionales privados y de la jurisprudencia nacional, ha descendido asombrosamente. El añejo modelo de la abogacía seguirá desmoronándose día a día, hasta que emerja el cambio cíclico inevitable.

La crisis económica y social que afecta nuestra nación, es parte de la crisis generalizada que existe en el mundo. Sabiamente sostiene Fritjof Capra: “La gravedad y la extensión global de la crisis actual indican que de este cambio podría resultar una transformación sin precedentes, un punto crucial, giro decisivo para todo el planeta”.

Debemos repensar los programas de estudios de Derecho a partir de los nuevos paradigmas de las ciencias, de las matemáticas, de la lógica, de la neurociencia, de la comunicación y sobre todo: bajo la lente humanista y libertaria, que nos permita provocar el quiebre de la conciencia legal, que propicie el crecimiento de los juristas con una visión superior para que sean capaces de pensar y repensar el Derecho y la jurisprudencia, criticándolo y reformándolo, hasta convertirlo en un mecanismo de real progreso y libertad activa.

Nuestra tarea es diseñar y estructurar un nuevo modelo de la abogacía costarricense, que propicie el profundo conocimiento de las ciencias y las técnicas jurídicas basado en una nueva escala de valores, sobre las columnas del nuevo pensamiento y de la compresión humana, planetaria y cósmica.

Imagino a los abogados y a las abogadas del futuro, con una posición clara ante la sociedad, frente a la Tierra y al Universo. Creo en un foro nacional con conciencia de su misión como constructor de una sociedad cada día más justa, mediante un ordenamiento jurídico sistemáticamente enraizado en la vida republicana y en la convivencia social pacífica.  Aplaudo a los juristas conocedores de los avances de las ciencias y de sus nexos con el misticismo, conscientes del poder de sus palabras, responsables de su función social y compenetrados con el equilibrio planetario.

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