Fray Isidoro
- Estádisticas: 883 0
- Posteados: 7 agosto, 2013
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
Cuando iba a recibir mi primera comunión, era alumno de tercer grado de la Escuela Jesús Jiménez de Cartago. Hace casi medio siglo. Fui a confesarme con Fray Isidoro. Todavía estaba en construcción el templo de los Padres Capuchinos de Cartago. Recuerdo perfectamente sus consejos, en una tarde de fines de agosto: “No te preocupes por el traje, eso no es lo importante. Lo que vale es tu conciencia”. De él escuché por primera vez la oración de San Francisco de Asís: “Señor hazme instrumento de tu paz. Donde haya odio siembre amor. Donde haya injuria perdón. Donde haya duda fe. Donde haya desesperación esperanza. Donde haya oscuridad déjame traer luz y donde haya tristeza alegría…”
Jamás pensé, en aquel momento de ilusión infantil, que ese Capuchino barbudo y en sandalias, sería mi gran amigo y mi sabio consejero. Lo veía en su carro, ya sin su hábito, con ropa de finquero o de constructor y otras veces vestido de líder mutualista. Era un fraile emprendedor, muy trabajador y comprometido profundamente con su causa franciscana.
Sus homilías fueron vibrantes. Sus dotes de orador, su claridad para compartir el evangelio y brindar sus enseñanzas, con su dejo castizo y con su fuerte voz. Sus palabras retumbaban en el templo inacabado y en la conciencia de quienes lo escuchábamos.
Conversar con él sobre la vida, sobre el país, sobre el santo de Asís, era siempre enriquecedor. Una vez me regaló un “cordón de San Francisco”, para que me portara bien. De algo sirvió, no hay duda.
Con mi padre tuvo una profunda amistad que dejó, entre sus múltiples frutos, el Convento de las Hermanas Clarisas.
Cuando surgió el terrible conflicto familiar, Fray Isidoro fue el sereno mediador, nos reunimos con él en su convento, pero en aquel entonces pudo más el egoísmo de unos pocos que la buena voluntad franciscana, hasta que cinco años después logramos el acuerdo propuesto por el viejo sacerdote y acabar con veintitrés litigios.
La vida y obra de Fray Isidoro de Mezquiriz, es un ejemplo de humildad, trabajo y fuerza espiritual. Descansa en paz, maestro y amigo.
