¿Quiénes dejan calva a la Justicia?
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- Posteados: 4 octubre, 2012
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
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La mimada y cada vez más insignificante casta de los consultores internacionales judiciales, desde mil novecientos noventa y ocho ha venido repitiendo su mendaz cantaleta sobre el proceso penal, como un invento de ese año, olvidados de casi un cuarto de siglo de práctica verbal en los juicios penales y de las multimillonarias becas pagadas con los impuestos de los costarricenses que disfrutaron, cuando los hacía sollozar su gran vocación judicial (una de esas becas otorgada a mediados de los años noventa costó más de cien millones de colones de aquellos años).
La oralidad judicial no es un invento de algunos becarios que volvieron de Europa, ni de los caros sabios del cono sur. La oralidad arrancó con los magistrados de los años setenta, como Hugo Porter y Dora Guzmán, inspirados en los maestros procesalistas cordobeses. Esa parte de la historia no podrá ser borrada por las vanidades de unos pocos, que se han enriquecido con ese cuentazo.
Treinta y siete años después, la Justicia Penal, se ha convertido en un servicio lento y costoso, que ha hecho brotar lujosas firmas con potentes nexos y poderosas amistades del otro lado de los mostradores.
Hace poco tiempo vimos a un miembro del foro criollo ofrecerse en su página web, como magistrado suplente y como experto en elaborar recursos de casación con el membrete de otros litigantes. Vaya, vaya.
Los sutiles nudos de redecilla de influencias tejida entre los que ya se fueron y algunos que aún no se han ido, han empezado a soltarse y muchos pelos del tráfico de influencias han ido quedado en algunos expedientes, dejando calva a Temis.
Hay quienes han ofrecido a sus clientes los pluses de sus prestigiosos contactos y de sus finas amistades. Esa perversa práctica erosiona la justicia democrática y deja ver las rendijas por donde emana el tufo de la corrupción. Esa podredumbre se refleja especialmente en la lentitud con que se tramitan algunos expedientes y en la rapidez anormal de otros casos.
Esto no es nuevo en el país y el mundo. Ya existen investigaciones con resultados preliminares muy interesantes, sobre los servicios extraordinarios que bridan algunas de esas elegantes firmas.
Afortunadamente nuestro Poder Judicial aún cuenta con una gran mayoría de juezas y jueces de inmaculadas togas, de aquilatada probidad y rigurosa formación jurídica, quienes no sucumben ante los perfumes de esa argolla privilegiada, ni se dejan seducir por sus amigos de adentro.
A esos cientos de jueces y juezas valientes a quienes les han vedado muchos ascensos, por no hincarse ante los poderosos, muchas gracias.
Las sacerdotisas y los sacerdotes encargados de mantener vivo el fuego de la Justicia en Costa Rica, hacen que aún tengamos esperanzas.
Descubramos a cualquiera que haya trocado su toga en un sayo… todavía estamos a tiempo.
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