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La bolita de cristal de don luis Paulino

Si las víctimas costarricenses tuvieran una “bolita de cristal” para ver el futuro de los procesos penales, posiblemente el índice de infartos se multiplicaría y la desconfianza en la administración de justicia llegaría al fondo.

Si los abogados que no defendemos mafiosos, ni agresores, ni corruptos tuviéramos una bolita de cristal, podríamos advertir a nuestros clientes el sendero tortuoso que tendrán que recorrer durante muchos años en busca del tesoro perdido de la “justicia pronta y cumplida”.

El magistrado presidente ha dicho que si tuviera una bolita de cristal podría decir cuando mandará al congreso, un proyecto de reforma a la Ley orgánica del Poder Judicial. ¿Chiste o arrogancia? No lo sabemos, pero si plantear una reformita sobre los ajustes para mejorar “la eficiencia de los tribunales” y acabar con algunas prácticas indebidas, requiere de poderes mágicos… ¿qué le espera al país? Si nuestro pueblo tuviera una bolita de cristal como la que añora el presidente de la corte, para averiguar cuándo se piensa jubilar, probablemente se haría como una de las piedras que él ordenó colocar en la Plaza de la Justicia y los miembros del foro en estatuas de sal.

La Corte Suprema no requiere leves parchecillos legislativos para hacer realidad los principios fundamentales de la Justicia. El verticalismo, el exceso de poder, la elección de los magistrados suplentes, la organización del Consejo Superior, la capacitación y disciplina de los funcionarios, no son síntomas que se curan con un fresco de mozote, son tumores de la metástasis judicial que deben ser extirpados con laser. La reorganización de la Justicia Costarricense es tarea de los diputados inteligentes y valientes que se atrevan a ponerle los cascabeles a todas las tortuguitas.

Desde hace casi diez años le he insistido al magistrado presidente y varios de sus colegas que se atrevan a cortar el hediondo chorizo de las consultorías millonarias que enriquecen a los altos funcionarios de la argolla. Pero no han hecho nada. Ellos saben muy bien quiénes son y cómo funcionan los permisos y vacaciones.

Por dicha que ahora el magistrado Vega y la magistrada Valera levantan la voz y señalan con claridad que no basta con prohibir que los jueces impartan sus lecciones en las universidades dentro de su jornada laboral. Albricias. Tuvo que pasar un decenio para que pusieran atención en ese relajo.

Tengo en mis archivos una hoja de vida de un juez, quien cuando se postuló alguna vez como magistrado, sostuvo que impartía lecciones en cinco o seis universidades. Pero eso no es tan simple. Una lección debe ser preparada y algunas veces el tiempo para resolver como juez, se dedica a la docencia.

El tumor principal está en las consultorías. Durante muchas horas alistan sus charlas, seminarios, proyectos y luego salen del país, desaparecen varios días y cobran los millones y no pasa nada. Estos funcionarios cobijados por el manto magistral, ganan dedicación exclusiva, dan clases en varias universidades y chupan de los organismos internacionales… y como si fuera poco no pagan impuestos por los “honorarios” que reciben en el exterior.

La absoluta inmoralidad que caracteriza a un funcionario que tiene un atraso de película en la redacción de sus fallos, es nada más que una muestra de ese cáncer politiquero con carcome la tostada imagen de esa Temis herrumbrada que cada día se aleja más de la “justicia pronta y cumplida.”