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La Justicia camina desnuda por las calles.

La solución a la insuperable crisis de la impunidad no está en los créditos extranjeros. Eso es falso. El remedio de la inseguridad imperante no depende de los millones de dólares que nos regalen o nos presten los países amigos, ni mucho menos.

 Los que piensan, en serio, que así pueden lograr están absolutamente equivocados. Y los que se atreven a engañar a la sociedad, haciéndolos creer que de ese modo se resolverá el problema, son unos politiqueros descarados. Lo único que pretenden hacer es propaganda con cemento y no les importar lograr la solución.

Ciertamente desde hace más de veinte años sabemos que hacen falta cárceles y que un centro de estudios policiales es imprescindible. Eso no se discute.

Pero seamos sinceros, de nada servirá un nuevo presidio o como ridículamente le llaman: un “centro de atención institucional”, si tenemos un Código Procesal Penal que es un mamarracho jurídico, que ha trastocado los principios fundamentales de la democracia.

Desde 1998 la Justicia Costarricense camina desnuda por las calles, como en el cuento que hizo famoso el escritor danés Hans Christian Andersen, “El traje nuevo del emperador”. Así como el chiquillo gritó que el rey estaba desnudo, ahora el pueblo grita: La justicia está chinga. ¿Quiénes la desnudaron?, ¿Quiénes han hecho tanto daño a la sociedad costarricense?, ¿Los abolicionistas?, ¿Los consultores internacionales?… O los sastrecillos charlatanes.

En vez de un empréstito, los politiqueros le pudieron pedir una ley procesal a los chinos o a los norteamericanos. Quizá hubiese sido no solo más barato, sino mucho más efectivo.

Vamos a empezar a construir las celdas que necesitamos. Perfecto. ¿Alcanzarán para hacer cumplir sus penas a mil prófugos condenados a más de tres años de prisión, que hasta hace pocos meses a nadie le interesaba capturar? Y los demás pillos que siguen agrediéndonos, sin prisión preventiva y con medidas light… ¿Qué harán?

Contruiremos una academia de policía. Excelente. Pero no hemos corregido los grandes defectos de la legislación policial, no contamos con una doctrina adecuada, ni con la disciplina idónea para defender la patria, defender la sociedad y mantener la paz social. Seguiremos con cursitos superficiales y con miedo de tener lo más importante en la formación de estos profesionales: Una academia de oficiales.

La Justicia camina desnuda por las calles. Así la vemos la gran mayoría de los costarricenses, mientras los que la vistieron con leyes invisibles siguen muy mondos y lirondos.