LA INESPERADA PARTIDA DEL SABIO DR. ANG
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- Posteados: 12 julio, 2013
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
Cuando tuve mi primera consulta con el doctor Ang, su enfermera Mary Martin y su asistente Sherry García, me dijeron que yo tenía mucha suerte, porque mi caso sería atendido personalmente por este científico. La entrevista médica, el examen clínico, las posibilidades de mi curación, el diagnóstico, el plan del tratamiento y el pronóstico, me dejaron la sensación de una inolvidable lección de vida, de una gran clase en la que atento y emocionado escuchaba desde un pupitre de alumno-paciente.
A la hora de la simulación, el doctor Ang dirigió la confección de la máscara con la que recibiría las radiaciones en mi cuello. Cada detalle, cada paso, hasta que se ajustara perfectamente a mi cabeza y a mi cuello, fueron momentos mágicos en donde la mano del sabio científico y su vibrante don sanador me dieron la fuerza y tranquilidad para iniciar esa difícil aventura, por mi vida.
Cada semana, fue atendido por él y sus enfermeras y sus asistentes. Con su gabacha inmaculada y sus guantes azules… sus palabras serias y solidarias, siempre me impulsaban a continuar: “Vamos muy bien, estamos acabando con las células enemigas, siga con este mismo ánimo, usted se va a curar”.
Mi último encuentro con él fue en febrero. Jamás imaginé que sería la última vez que lo vería, que le daría las gracias por sus estudios, por sus descubrimientos y por su trato respetuoso y gentil. Con gran emoción había tocado la campanita de barco, colocada -por un almirante que fue su paciente- frente a la sala de espera del acelerador lineal. Había terminado la última de mis treinta y cinco sesiones de radioterapia. Las tareas a bordo habían acabado. Al despedirnos le di las gracias por su atención y por sus valiosos aportes a la humanidad.
Cuando llegué, hace pocos días, a mi cita de control en el hospital, me recibieron Sherry y Mary, con una gran tristeza en sus rostros. No entendía sus miradas. Nos abrazamos y la joven doctora García, con lágrimas en sus ojos, sollozando, dijo: “El doctor Ang ya no está con nosotros. Murió repentinamente a sus 63 años.” – ¿Cómo? Exclamé aturdido. – ¿Cuándo? Mary me respondió muy triste: “El 19 de junio”. – ¡No puedo creerlo!, dije. El mismo día que yo cumplí años.
En el 2011, el doctor Ang fue galardonado con el honor más alto de la Sociedad Americana de Radioterapia Oncológica. Coordinaba el programa de colaboración académica y educativa de la Universidad de Texas con los 26 principales centros de cáncer en todo el mundo.
Sus colegas catedráticos dijeron que los mayores logros del profesor Kian Ang, incluyen su trabajo pionero en el tratamiento de cáncer de cabeza y cuello, con una combinación de radiación y quimioterapia, las terapias especialmente dirigidas y la determinación de que el cáncer de la garganta es más sensible al tratamiento si es causado por el VPH, en lugar del tabaco o el licor.
¡Gracias doctor Ang! Miles de sobrevivientes del cáncer en todo el mundo, lo recordaremos siempre muy agradecidos.
