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No basta un edificio hermoso

Juan Diego Castro

17.08.2012

 

 

El anuncio de una donación del gobierno amigo dela República Popular China, por veinticinco millones de dólares, para construir la escuela de policía, no es nuevo. Hace tiempo conocíamos de esa oferta y la noticia, aunque es añeja, sigue siendo magnífica.

Hace dieciocho años, en mayo de 1994, encontramos en ruinas las instalaciones dela Escuela Nacional de Policía Francisco J. Orlich Bolmarcich, tanto en su sede en San Rafael de Alajuela, como en Murciélago de La Cruz, Guanacaste.  Fue, precisamente, doña Laura Chinchilla, la viceministra designada por el presidente Figueres Olsen, la encargada del proyecto de reorganización de esa academia, con la ayuda de los coroneles Bermudez y Luna. Logramos algunos avances y aprovechamos la nueva Ley General de Policía para promover la profesionalización de la Fuerza Pública.Recuerdo a los primeros muchachos que se graduaron, en 1995, en el Teatro Melico Salazar. Apenas iniciábamos un proyecto crucial que, a la fecha, no se ha logrado cristalizar.

Perdimos las instalaciones de La Reformay la modesta escuelita funciona, desde hace diez años, en un viejo edificio, junto al Ministerio de Seguridad Pública, donde se imparten cursos básicos.

Los inmuebles del Liceo Napoleón Quesada y del Liceo de Santa Ana fueron sedes de la escuela de policía, el siglo pasado. Se convirtieron en colegios. Pero los gobiernos no se preocuparon, por más de medio siglo, en proporcionar los terrenos y menos de edificar las aulas para formar a esos profesionales.  Más bien, acuñaron un dicho repugnante: “Dale trabajo, aunque sea de policía, a este muchacho que ayudó a pegar banderas”.

Construir una escuela de policía es una tarea que se ha postergado de forma injustificada.  Levantar sus instalaciones es importantísimo, pero más trascendental es la puesta en marcha de un programa nacional de estudios policiales.  No basta un edificio hermoso con una plaquita con caracteres en mandarín. Tenemos el deber de diseñar una carrera policial desde el curso básico de, al menos, un año, pasando por cursos de especialización hasta la formación de oficiales.

En este momento, las tareas pendientes son cruciales, pues falta preparación en todos los niveles de nuestras policías.  Es más, debemos dar un salto cualitativo y atrevernos a conformar el Instituto Costarricense de Ciencias Policiales. Donde estos profesionales tengan la oportunidad de formarse desde técnicos hasta científicos.

 

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