Cargando

Catorce mil chiquitas embarazadas al año

La comida chatarra y los embarazos prematuros, afectan a miles de niñas y niños de nuestro país. No hay duda. El ministro de educación Leonardo Garnier y su equipo han logrado dos importantes avances que aplaudimos francamente. Pequeños grupos acudieron ala Sala Constitucionalpara levantar la prohibición de comida basura en las escuelas y colegios y para impedir la adecuada educación sexual de nuestros adolescentes.  Con las golosinas, los comerciantes fueron puestos en su lugar.  Con la educación sexual,  el fallo magistral estuvo divido y la mayoría se deslizó por la libertad de conciencia, dejando en manos de los padres la decisión de que sus hijos e hijas puedan asistir a esas clases.

 En una escuela de Limón, esta misma semana, apareció un feto dentro de un servicio sanitario. Espeluznante.  Triste. Lo encontró una maestra que salió gritando horrorizada.  Cruel señal de un problema que no se resuelve con miles de recursos de amparo y menos pidiendo la destitución del ministro “por fomentar la promiscuidad”.  ¡Vaya, vaya!

 Recordé el libro de Ernesto Sábato, “Sobre héroes y tumbas”, que leí cuando cursaba humanidades: “- Alejandra es un nombre raro. -¿Y tu madre? – preguntó. Martín se sentó y empezó a arrancar unas matitas de hierba. Encontró una piedrita y pareció estudiar su naturaleza, como un geólogo. -¿No me oís? -Sí. Te pregunté por tu madre. – Mi madre – respondió Martín en voz baja- es una cloaca.

Alejandra se incorporó a medias, apoyándose sobre un codo y mirándolo con atención. Martín, sin dejar de examinar la piedrita, se mantenía en silencio, con las mandíbulas muy apretadas, pensando cloaca, madrecloaca. Y después agregó: -Siempre fui un estorbo….”

 Catorce mil chiquitas embarazadas al año, no es simplemente un problema de falta de principios morales o convicciones religiosas. Las familias que forman a sus hijos bajo las reglas de su religión  y tienen la suerte de que sus creencias basten, son realmente afortunadas.  Pero en la democracia, la libertad de culto es esencial y ningún principio religioso, incluida la abstinencia sexual de solteros, puede convertirse en norma de aplicación obligatoria para todas.

Ocho de cada diez costarricenses estamos de acuerdo con la educación sexual en los colegios.  A otro considerable sector social no le interesa el asunto. Y una pequeña minoría se opone radicalmente, pero guarda silencio sobre los catorce mil embarazos de adolescentes, al año.   Ni ofrece nada a los  miles de hijos no deseados, criados en un ambiente inadecuado y  futuros ciudadanos llenos de traumas.

Hace años quedaron las guías sexuales del Ministerio de Educaciòn, guardadas en una bodega. Mientras tanto miles chiquitas siguen pariendo un futuro incierto para ellas y para sus retoños.

Deja un a respuesta