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La magia del litigio actual es sorprendente.

Veamos los diez primeros trucos:

 Primer truco: Atrasar. Con sólo lograr que el funcionario no resuelva las gestiones del adversario con prontitud, durante dos, tres o más meses, el litigante mágico logra una sorprendente ventaja.

Pasa el tiempo, corren los plazos a favor de los imputados, las víctimas se desesperan y se frustran y ya cuando finalmente notifican la resolución, o fue rechazada o resulta tardía. En un caso de fraude, la empresa ofendida pidió el allanamiento de las oficinas del imputado, pasaron muchos días hasta que la fiscalía lo solicitó y por “casualidad” el defensor del reo que aún no había sido indagado, fue a revisar el expediente al Juzgado y claro, el resultado del allanamiento fue negativo. Con la terrible mora judicial y fiscal, la mayoría de los atrasos tienen la apariencia de inocentes, pero hay algunos donde brota el insolente favor que reciben a algunos defensores. Atrasar, atrasar y atrasar… para lograr la prescripción.

 

Segundo truco: Las pruebas se pudren o se desvanecen. En un caso de violación las muestras biológicas tomadas del cuerpo de la víctima se pudrieron en el laboratorio y nada paso. En un homicidio culposo un perito se atrevió declarar falsamente contra los alcoholímetros y otro llegó al debate sin calculadora y sin los instrumentos de medición para poder responder las preguntas. Sembrar la duda para lograr la absolutoria.

 Tercer truco: Contaminar la acusación. El defensor logra filtrar su tesis en el oído del funcionario y notifican una acusación que es un mamarracho. Los hechos son difusos e incompletos. La incoherencia y la contradicción fáctica es la característica principal. El criterio fiscal va por el hecho menos relevante y deja por fuera los más graves. Es cuestión de criterio y se funda en los profundos conocimientos de la teoría del delito. En las audiencias de medidas cautelares, caén los testigos, caen los ofendidos, cae el caso. El defensor nunca expuso ese argumento. Todo acaeció mágicamente, hasta que en la audiencia preliminar, cae la querella, porque no hay víctima y lograr el sobreseimiento.

 Cuarto truco: Lograr que el fiscal engañado no se enoje. En un fraude fiscal, los defensores ofrecieron un informe de auditoria y presentaron un documento mediante el cual reajustaron las declaraciones de renta, pagaron decenas de millones de impuestos que no habían sido cubiertos, retuvieron por muchos meses la evidencia contable y el caso lleva varios años en investigación.

 Quinto truco: Enfermarse el día del debate. Los defensores recurren a la maniobra inescrupulosa de presentar un dictamen médico el mismo día del debate, fuera de San José. Lo más rídiculo que he visto fue un viejo defensor que envió por fax, a la misma hora que empezaba el juicio, un dictamen firmado por un psiquiatra pediátrico. El juicio se suspendió por muchos meses.

 Sexto truco: Despotricar contra la prensa. Como si los periodistas no tuvieran acceso a Internet y no se percataran de los debates que se celebran en los tribunales, hay defensores que se desgañitan contra los medios porque acuden a las audiencias. Añoran que los juicios sean privados y que el público no se entere de sus particulares posiciones… pero después llama a los periodistas a pedirles que lo entrevisten.

 Sétimo truco: Lograr que los recursos se resuelvan minutos antes del inicio de las vacaciones judiciales. Esta finura de litigantes es muy difícil de detectar, así como es oculto el nexo existente, pero los efectos que generan son demoledores.

 Sétimo truco: Apantallar a los funcionarios con la credencial de consultor y amigo íntimo que viaja por el mundo con la élite judicial que lucra con las consultorías internacionales y obtiene jugosos estipendios por un insulso informe y haber estado en la lista de elegibles a magistrado suplente.

 Octavo truco: Lograr que el fallo condenatorio esté tan mal redactado y torpemente fundamentado que la sentencia se caerá en alzada, después de muchos años de proceso.

 Noveno truco: Convencer a un juez para que le pregunte a la única testigo presencial de un doble homicidio culposo, que vino desde el extranjero a un anticipo jurisdiccional, si podía regresar al país y como la señora dijo que talvez, no se recibió la prueba y el fiscal pidió el sobreseimiento, aunque gracias a la querella el asunto irá a juicio.

 Décimo truco: Hacer que a una funcionaria de tercer nivel se le olvide enviar el fax de comunicación del impedimento de salida del país, y se acuerde varias semanas después a los pocos días de que el imputado había salido por el aeropuerto. De por sí la sanción , por tal “descuido” es una simple amonestación.