¿TIENE RAZÓN EL FISCAL GENERAL?
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- Posteados: 8 agosto, 2014
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
La noche del lunes anterior el fiscal general, una vez más, fue claro y tajante frente a la corrupción. Afirmó públicamente que en nuestras instituciones existe una “pésima reacción de los organismos encargados del régimen disciplinario… eso es un desastre aquí en el Poder Judicial”.
En los últimos años planteamos dos casos sumamente graves ante la Inspección Judicial, en contra de dos juezas y juez, una también era magistrada suplente en aquel momento y la otra integrante de un tribunal de apelaciones. En el primer caso hasta sus mismos conjueces del Tribunal Contencioso Administrativo se quejaron de ella. Su comportamiento fue groseramente antiético. Aportamos suficientes pruebas, el caso era clarísimos, pero hubo tremendos descuidos de los inspectores y el asunto caducó por desidia o por la silenciosa fuerza de los ignotos efluvios de lo alto. En la segunda queja, la lentitud, la desidia o la pereza propiciada por una extraña ventisca de altura, provocó de nuevo la nefasta caducidad.
Esperamos que algún día conozcamos las estadísticas de los resultados de los casos que llegan a la Inspección Judicial, a lo mejor así podremos saber si esos funcionarios que reciben excelentes salarios, cumplen con el deber de purificar –minuto a minuto- la administración de justicia. La excusa leguleya del corto plazo no vale. Ellos, los jefes del tribunal de la inspección, los conocen muy bien y ese es su trabajo.
Una juez que no leyó la acusación y excluyó a una parte atrabiliariamente. Su superiora que no quiso leer un recurso de apelación y se negó a pronunciarse sobre todas las peticiones del recurrente, atenida a la inexistencia recurso ultierior frente a la hermenéutica de su arbitrariedad. La tremenda falta ética quedó diluida en los caldos aciagos de la pereza burocrática, si fue sólo pereza y no pasó nada.
El fiscal general habló con fuerza y verdad. Esto es un desastre y el caos no es reciente. Hace muchos años denuncié a un funcionario judicial que dentro de su horario de trabajo brindó una conferencia, por la que le pagaron doscientos dólares. La inspección judicial se debatió entre amonestarlo dulcemente o imponerle un día de suspensión, así como lo lee… un día. Casi llega a ser magistrado.
Los casos desastrosos que, en los últimos meses, han golpeado fuertemente a la judicatura nacional y a la dirección de OIJ, no cuadran con la tranquila postura de una dirigente del gremio judicial. Si todo lo que hemos visto este año “no es una situación de alarma”… cuántos corruptos, cuántos pedófilos, cuántos asesinos y cuántos sinvergüenzas tendrán que caer para que logré escuchar las ensordecedoras sirenas que angustian y frustran a la ciudadanía que observa aturdida la imparable erosión de la justicia costarricense.
Hay una grave crisis en el Poder Judicial, tan grande como el poder de los poderosos de ese poder… No se engañen. Muy pocos funcionarios y unas cuantas funcionarias sinvergüenzas tiene la potencia de putrefacción para derribar el templo de Temis.
Los políticos no deben olvidar que la sociedad civil sólo reclama pan de justicia… no nos ofrezcan los añejos torteles de la demagogia.
