Cargando

APOYO LA HUELGA HOSPITALARIA

Las huelgas son un arma de defensa de los derechos de los trabajadores, amparadas por la ley costarricense. No hay duda. Algunas veces no hemos estado de acuerdo con sus motivaciones y repercusiones injustas para terceros inocentes. Pero bueno, las huelgas son huelgas y punto.

Esta vez estoy totalmente de acuerdo y brindo mi apoyo irrestricto a la huelga hospitalaria. Es más, me parece que es la primera huelga ética vista en nuestro país  -que yo recuerde-, aparte de la gloriosa “Huelga de Brazos Caídos” del 25 de julio 1946.

Las gabachas blancas de las doctoras y de los doctores en medicina, de las enfermeras y de los enfermeros y de todos  los demás profesionales de la salud, se convirtieron en una enorme bandera blanca que cubrió todas las entradas del hospital, todos sus edificios, todos sus corazones… y ni un sólo paciente fue desatendido. Los rótulos están por todas partes, desde los zaguanes hasta los quirófanos: “Estamos en huelga por razones éticas”.

Mucha gente no entiende lo que pasa. Algunos están confundidos y les parece un relajo, pues entienden que la ética médica es lo que han dicho, sea que ningún doctor se atreve a denunciar a un colega que  sinvergüenza o imprudente con sus pacientes. Entonces hay personas para las que esta motivación es despreciable  y sospechan que los dirigentes buscan seguir tapando  la gigantesca corrupción existente en el nosocomio.

No es así.  La huelga no es para esconder más chorizos clínicos y quirúrgicos.  No. No. No. El paro ético es para acabar con las sinvergüenzadas de toda clase y a todo nivel. Las  gabachas de los huelguistas  lucen junto al corazón una diminuta escoba sostenida con un alfiler.  Esa escobita es el símbolo de esta cruzada moral.  Finalmente algunos  discípulos de Hipócrates se hartaron de la corrupción y estallaron en valentía.  ¡A barrer a los corruptos de una vez por todas!

Las volantes que reparten entre  los pacientes son estupendas: “Queremos una directora valiente,  que recuerde que  pasaron muchos años bajo una dirección agazapada y turbia, que permitió  que la corrupción se  derramara por todas partes.   Queremos una directora que no tolere más las galenas pillerías, ni el maltrato a los pacientes. Queremos una directora con un óptimo nivel de neuronas y hormonas”.

Hay un cáustico letrero en la paredes de la sala de espera de ORL: “Se acabaron las cirugías estéticas para las amiguitas del jefe… aunque sean estudiantes de medicina. Señoritas no insistan”.

La fotocopia de una carta manuscrita y firmada por una enfermera -pegada en la puerta de los quirófanos-  narra una anécdota escalofriante:  “El cirujano me dijo que me cobraría sólo dos mil dólares por ser conocida suya, y que pusiera los billetes entre  mi bota de cirugía… él los sacaría antes de operarme… así lo hice con los 20 billetes de cien dólares… y no me dio ni recibo”.

Hay un cartel rosado en uno de los salones de cirugía de hombres: “La joven especialista en cirugía bariátrica acaba de salir de un retiro espiritual y como acto de contrición devolverá todo el dinero que se ganó en los biombos hechos durante este año”.

Lo más llamativo es ver dos piquetes de huelguistas con escobones en las entradas de dos restaurantes cercanos al hospital.  En el que recuerda el camino a un volcán, colocaron una gran pancarta:  “El dueño prometió dedicar toda su jornada hospitalaria a cumplir con su deber, ya no dedicará más tiempo a su afición de chef, no utilizará sus influencias para que le contraten todos  los cafecitos cumpleañeros”
En el otro, ya desapareció el cuadro  de los paisanos Hipócrates y Galeno comiendo una pizza llena de aceitunas negras y en su lugar aparece ahora un menú nuevo donde fue borrado el platillo de transplantes de riñón.  Cuentan que el dueño se fue cumplir la penitencia impuesta por el patriarca ortodoxo, subiendo por la misma peña por donde caminó Sísifo, con un riñón de acero de dos quintales, al hombro.

Lo increíble es el comentario compartido por los rompehuelgas de gabachas sucias, encabezas por un tal ambisiniestro: “Qué barbaridad, si esto siempre ha sido así,  no sabemos que le pasa a estos colegas, están locos. Lo que hemos hecho es sólo  dignificar nuestra profesión porque los millones que ganamos al mes no alcanzan para llevar la vida que nos merecemos…”

Lo triste del caso es que según el último conteo de los inspectores laborales, los huelguistas son la minoría y la huelga va a ser declarada ilegal… Sí, ilegal, aunque sea moral… Los corruptos van ganando.

palanca