Mediadoras y mediadores de justicia
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- Posteados: 17 enero, 2014
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
La mayor parte de las escuelas de la abogacía costarricense, llamadas escuelas y facultades de derecho, están colapsadas. Ninguna se llama escuela de justicia, o escuela de deberes o al menos, escuela de derechos y deberes… y jamás ha sido bautizadas como escuelas de abogacía. Al fin y al cabo no es lo mismo un licenciado que un abogado.
Hoy por hoy, en nuestro país la enseñanza de Derecho sigue siendo un desastre. He visto profesores -con menos de un año de haber obtenido su licenciatura- impartir más de una docena de diferentes asignaturas en una universidad. Y esa “escuela de derecho” graduó cientos de licenciados en menos de dos años. Era el año mil novecientos noventa y nueve y no llegábamos al carné número diez mil en el Colegio de Abogados, mientras en la ciudad de Cañas una universidad privada había remodelado una caballeriza para convertirla en escuela de derecho.
El nivel técnico y ético de la mayoría de las abogadas y de los abogados hace parpadear las alarmas sociales. Las sirenas del cataclismo profesional, en nuestra carrera y en otras disciplinas, es evidente y dañino. Un campesino mató a balazos una abogada que lo había estafado y él ahí mismo se suicide. La mala fama es antigua, basta recordar la maldición gitana: ¡Entre abogados he de verte!
El añejo debate acerca de si el Derecho es una ciencia o un arte, no me preocupa. Para mi lo importante es que la abogacía es un arte que cuenta con un poderoso instrumental científico-técnico y quienes la practicamos debemos tener el conocimiento y el entrenamiento para actuar como mediadores de justicia, tanto en los estrados (litigante) como en la mesa de negociación (conciliador) y sobre todo en la cátedra: como mediadores y mediadoras del aprendizaje de la ciencia-arte-técnica de la nueva abogacía.
La civilización, la escritura, las ciencias, las religiones están en la sabia que circula por las raíces y por las ramas del árbol del derecho. Las frutas de ese árbol, son las frutas de la justicia. Del Código de Hamurabi (1760 a.C.) hasta las gigantescas bases de datos jurídicos en la nube. De los caracteres cuneiforms a los bytes. Los sacerdotes babilónicos custodiaban la sagrada estela de basalto estaba en el sanctum santorum del templo. Hoy los magistrados constitucionales dicen la ley fundamental, así de sencillo, el coro de la Sala Cuarta repite siempre “La constitución somo nosotros”. Y punto, diría yo.
Mañana las sacerdotisas y los sacerdotes de la mediación de la justicia ayudaran a encontrar el camino de la convivencia pacífica, la ruta de la solución de conflictos, inspirados por la norma ancestral: “No hagás a nadie lo que no te gusta que te hagan”.
¡Mediadoras y mediadores de la justicia!… Dentro de muy poco tiempo sabrán aprovechar al máximo los avances científico tecnológicos , la información cibernética, el software legal, las comunicaciones modernas, el manejo pulcro de la comunicación oral y escrita, la programación neurolinguística y sobre todo la capacidad renovada de aprender a aprender.
¡Mediadoras y mediadores de justicia!… que volverán al derecho universal, a los principios primigéneos que se basan en el profundo respeto a la vida, al planeta, al cosmos… las abogadas del futuro, los próximos abogados.
Le invito a escuchar mi conferencia sobre este tema en internet: http://youtu.be/gNYRaeQbblE
