¿Viva la reina o viva el rey? ¡Viva la justicia!
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- Posteados: 21 febrero, 2013
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
Las protocolarias exequias del presidente de la Corte Suprema de Justicia, celebradas el pasado lunes en la catedral metropolitana, marcaron un nuevo hito en la historia política judicial costarricense. La asistencia e inasistencia de los miembros de la clase política y las más importantes autoridades religiosas. La designación de los políticos que leyeron los textos sagrados. Los sitios ocupados en el templo, por los integrantes de la más elevada alcurnia política criolla. Los discursos y la homilía. Los honores policiales. Las declaraciones a la prensa. El duelo de la patria. Las lágrimas de muchos empleados judiciales. Los letrados y las letradas observaban con fina atención cada movimiento, cada gesto. La presencia y la pulcritud de las magistradas y los magistrados eran impresionantes. Algunos de los diputados que no reeligieron al magistrado Cruz, portaban rostros piadosos, apenas iluminados por la luz de los vitrales catedralicios. Las tomas de la televisión mostraban al pueblo, una ceremonia llena de contrapuntos y emociones. El preludio de la procelosa jornada pendiente en el Poder Judicial.
Los remolinos políticos principiaron desde el mismo instante en que se divulgó el parte médico sobre la defunción del jerarca. Las aguas de la parsimonia magistral se agitaban más y más, con cada timbrazo telefónico, con cada mensaje de texto, con cada correo electrónico. Las juezas y los jueces supremos estaban conmovidos, pero había que cuidar cada detalle, desde el collar de perlas hasta la corbata más fina. Todo debía ser previsto y medido. No había espacio para el más mínimo error.
¡Ha muerto el rey, viva el rey! se escuchó en un zaguán tribunalicio… apenas salía el sol. La respuesta fue inmediata y llena de ternura: ¡Ha muerto el rey, viva la reina! La represa se reventó en la poza del segundo piso. Las aguas cortesanas se llenaban de remolinos. Uno, tres, cinco… aspiran a la presidencia de la Corte.
Pocos días atrás el Papa Benedicto XVI había anunciado su renuncia. En un cafetín de intelectuales de los pisos altos del principal palacio del Poder Judicial, una joven voz femenina dijo que el ejemplo del Vaticano podría inspirar a la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica… pero no dió tiempo.
Después del novenario, veremos con más claridad las caras de quienes aspiran a ocupar la silla central de la mesa en forma de herradura. Los movimientos, los encuentros y los desencuentros han sido vertiginosos. Los letrados y las letradas hacen sus quinielas. En los parqueos magistrales los cafecitos entre los fieles choferes, están llenos de picardía y de cábalas. Los pactos y las propuestas surgen de los remolinos, cada parpadeo cuenta y las agujas del reloj no se detienen.
¿Viva el rey o viva la reina? Las fuerzas están muy divididas y para alcanzar el cúmulo de votos indispensable, los pactos serán en varios niveles. Se habla de acortar los períodos presidenciales, que no haya reelección o que la renuncia previa permita lapsos menores al ordinario. Los contactos con Cuesta de Moras y con Zapote también suman.
El momento histórico es crucial. Quién ocupe la presidencia de la Corte, no solo debe con el beneplácito de sus colegas, sino que ha de tener muy claras las responsabilidades que habrá de asumir, especialmente en el nivel ético, para extirpar de raíz cualquier signo de tráfico de influencias hasta impedir que el putrefacto negocio de las consultorías internacionales hinche la billetera de cualquier juez o funcionario. Un mentiroso que haya ganado muchos millones de colones en consultorías internacionales no podrá pensar que la presidencia judicial lo apoye para llegar a ser magistrado constitucional, .
¿Viva la reina o viva el rey?
¡Viva la justicia!