¿De cuáles partidos son las magistradas y los magistrados actuales?
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- Posteados: 7 marzo, 2013
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
La política judicial siempre ha tenido cierto halo misterioso. Aunque debemos aceptar que ese brillo se ha ido opacando en los últimos años. La forma en que “renunció” el ex presidente Cervantes -en 1999- tras los encendidos discursos del vicepresidente Chaves, es inolvidable. El edificio que alberga desde hace 47 años la Corte Suprema Justicia es simbólico. Las oficinas de los magistrados definen su nivel. Los edificios de travertino, la pirámide dorada del millón de dólares, la plaza de la Justicia, el pedacito que quedó de la vieja universidad. Aunque es el tercer poder, tiene más funcionarios que el segundo, que escoge a los jerarcas del judicial y hasta ha dejado de reeligir a quien por tradición correspondía… escandalazo incluido.
Ese pulcro mosaico que se movía lentamente con los cambios de los ocupantes de las sillas de la gran mesa-herradura del segundo piso, ahora por un remolino en Cuesta Moras o un vendaval en Zapote, se troca en el más oscuro laberinto del rompecabezas donde las piecitas se reparten en las gavetas de algunos escritorios de Zapote, Cuesta de Mora y Barrio González Lahmann, o quien sabe donde más.
El siglo XXI derribó a pedradas las puertas de cristal de la Corte. Así lo hizo un delincuente y no pasó nada. El coliseo mediático levantado por aquel furioso fiscal gladiador, llenó de brabuconadas y primicias un solo periódico, pero muy pocos de sus perseguidos fueron a la cárcel.
Todos tenemos claro que las magistradas y los magistrados son integrantes de la clase política. Son políticos y políticas con toga. Basta hacerse una pregunta: ¿De cuáles partidos son las magistradas y los magistrados actuales?, ¿Los jueces y las juezas? Y ¿Las fiscalas y los fiscales?
Hay una recomposición de fuerzas. Los movimientos son evidentes. El escandalillo del magistrado de la fogosa toga veneciana. No fue el hilo de Ariadna, son los pelillos de una cola de gato que quedaron en algún recoveco del laberinto. La postulación clara de algunos para ocupar la presidencia. No todo está escrito, nada ha terminado. Todo puede pasar. Algún cañonazo de tinta y papel puede quedar pendiente.
La presidenta de la Sala Constitucional renunció. Una gran dama deja su toga magistral, para acogerse a su merecida jubilación. Es lo correcto, es lo elegante, es lo sensato para permitir que las nuevas generaciones accedan a los puestos de mando en el Poder Judicial. La conocí haciendo sus primeros pininos en el estrado de la Alcaldía de Montes de Oca. Ahí la vi bien plantada frente a un iracundo y desbocado abogado, que ante su entereza y la fuerza de sus argumentos no tuvo más que salir “arrastrando sus bridas escaleras abajo”.
La clase política no descansa. Su juego no cesa. Las componendas por las “nobles causas” y el “boliche politiquero”, dejan a más de uno bajo el piso o “viendo pal techo”. Acuerdos para elegir a la presidenta de la Corte, o una elección de paso para pellizcar a Cuesta de Moras y pocos meses después ella reina. Ahora hay que escoger dos magistrados en la Sala Cuarta. ¿Qué acuerdos se estarán horneando? Pues lo amasado, amasado está y desde hace días.
Luego la elección de magistrados suplentes. Quizá en las próximas semanas veremos más vacantes en las veintidós sillas de la gran mesa-herradura, trono de las princesas y de los príncipes de la justicia costarricense. Veremos.
Todos lo tenemos muy claro y no existe ninguna confusión: Las magistradas y los magistrados son integrantes de la clase política criolla. Tienen que mantener la pulcritud de sus togas y rendir cuentas de sus funciones.
El laberinto se irá aclarando y la Justicia algún día brillará.
