Tristes Mimos
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- Posteados: 26 diciembre, 2012
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
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Hoy es un día muy especial para todos los que fueron perseguidos por “il procuratore generale paura e arrogante”. Hoy la lista de “santos inocentes” ha aumentado. Las estruendosas pifias judiciales de ese inefable político frustrado, tendrán más réplicas que el terremoto de Nicoya. El colapso del sistema procesal penal quedó demostrado.
La torpe y costosa reforma procesal penal de 1998 está marcada, como el mayor desastre legislativo de los últimos decenios. El más horrible fracaso de los principales políticos –casi eternos- del Poder Judicial. La semana entrante cumpliremos quince años de haber estrenado el Código Procesal Penal, obra y gracia de los magistrados Mora y Arroyo y del mentado “procuratore”. El desastre es evidente y ellos son los grandes y únicos responsables.
Los niveles de impunidad son los mayores de la historia de los últimos treinta años. Mil condenados sin ir a la cárcel. Con las modestas estadísticas judiciales queda claro el estado de ineficiencia e incapacidad del costoso aparato judicial penal.
La espesa humareda esparcida por el “por tanto” de la sentencia del Tribunal de Apelaciones del San José, con el sumo sacerdote del abolicionismo tropical a la cabeza, fue el incienso sepulcral que faltaba, sobre la lápida de las reformas legales propiciadas por esos mismos caballeros.
Todos los espectáculos circenses protagonizados por el famoso “procuratore generale” se convirtieron en humo… de la quema de cientos de millones de colones despilfarrados en lentos juicios, que se cayeron por errores fiscales o interpretaciones judiciales indebidas. Depende de quienes expongan sus argumentos. Lo que si es claro, es que la añeja dirigencia política del Poder Judicial ha cavado su propia fosa en el panteón de la historia. Ustedes señores políticos con toga, si tuvieran vergüenza se irían ya para la casa, aunque que sea para disfrutar de sus millonarias pensiones.
Ustedes, los políticos vitalicios e intocables, son quienes tendrán que dar cuenta a nuestra sociedad civil, por la inexcusable destrucción de la justicia costarricense. Ustedes y solo ustedes están destrozando una de las columnas fundamentales de la República. Y duermen tranquilos.
No es la primera ve que ese tribunal, destapa sus tamales jurisprudenciales en la última tarde antes de las vacaciones de fin de año. Conocemos otro caso, donde se apuraron para que otro “innocente” no pasará la noche buena tras las rejas. Son políticos, ante todo y sobre todo. ¿Por qué no anunciaron la parte dispositiva de ese tremendo fallo una semana antes? Por una simple razón, para salir en carrera, esconderse en las vacaciones y esperar que las fiestas de Zapote y el tope capitalino nos distrajeran. Eso… lo aprendieron de algunos gobernantes que recetan a fin de año más impuestos y aumentos.
La crisis judicial se desborda a diario y los costarricenses observamos la falta de seriedad de los políticos, de dentro y de los otros Poderes, que toleran el caos y la alcahuetería imperante.
Veremos si los magistrados colocarán de nuevo un lazo negro frente a su palacio, o alguno de tantos funcionarios judiciales honestos se atreva a pintar de blanco el rostro de la herrumbrada Temis, que se tuesta y se erosiona en la fachada del edificio de la Corte Suprema.
El grupillo que ganó millones con las consultorías, que planeó la fracasada reforma procesal penal, que ha pasado decenios en el poder y que es incapaz de irse para la casa, ha convertido a la justicia en un triste mimo… al que sólo ellos entienden.
Así, maquillados como mimos, con toga y sin toga… todos son inocentes.
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