Principia la renovación de la abogacía costarricense
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- Posteados: 12 diciembre, 2014
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
La noche del lunes pasado fue una noche histórica. Catorce años después de (dos de intensos trabajos para plantear un proyecto de ley presentado por la Federación de Colegios Profesionales), en el templo principal de foro costarricense, logramos dar un gran paso para principiar el mejoramiento de la calidad ética y técnica de las abogadas y los abogados costarricenses. Ha sido la brillante conducción de Ericka Hernández, Gari Amador y Eduardo Calderón, y la energía de cientos de colegas decididos a reconstruir las columnas de nuestra amada profesión.
La Asamblea del Colegio de Abogados y Abogadas de Costa Rica, celebrada el 8 de diciembre del 2014, aprobó por mayoría aplastante (sólo nueve en contra) la reglamentación de las pruebas de idoneidad para la incorporación de los cientos de licenciadas y licenciados en Derecho, que cada mes reciben el honroso carné sellado con la imagen de la Justicia del mural de César Valverde, sagrada identificación que nos acredita como portadores de la toga que habremos de mantener inmaculada a lo largo de nuestro ejercicio profesional.
Hoy día veintiséis universidades imparten la carrera de Derecho, desde una facultad estatal (aislada de la sociedad civil y del debate por la educación) donde un atrabiliario decano gritó y tiró botellas en el auditorio, hasta algunas “universidades” donde los egresados no aprenden siquiera la pirámide kelseniana o la definición de delito… y claro, con unas poquísimas excepciones que mantienen un buen nivel académico. En Cañas hace quince años, los mercaderes académicos convirtieron unas cuadras en aulas. Veinticinco mil colegiados en un país de menos de cinco millones de habitantes, es para reflexionar. Creo que todavía somos la nación que tiene más abogados en proporción a sus habitantes. Sería maravilloso si todos estuviesen formados adecuadamente, pero no es así. La realidad es pavorosa (desde hace muchos años) y ahora nos percatamos del desastre (ético y técnico) cuando vemos a algunos fiscales perezosos, jueces desatentos o funcionarios arbitrarios, sin olvidar a los que se desempeñan de modo tragicómico en la práctica privada.
Recuerdo cando leí el vibrante discurso del doctor Zambrana, cuando fundó nuestro Colegio, aquel mensaje retador a las nuevas generaciones de juristas costarricenses. Sus palabras renacen y vivifican el ímpetu de su sueño. Llegó la hora de emprender la reconstrucción ética y técnica de la abogacía. Llegó el momento de enseñar a los juristas aritmética, lógica, teoría de juegos, sintaxis, oratoria y sobre toda alta moralidad profesional. Al fin los chimanos universitarios caerán estrepitosamente.
En el mundo globalizado, en la sociedad de la información, en un país que sueña progreso y libertad, las comunidades de aprendizaje jurídico se multiplicarán por doquier y las abogadas y los abogados serán otra vez los ingenieros del buen Derecho y las arquitectas de la real Justicia.
