
Al fin… un Centro de Estudios Policiales
La primera piedra de la nueva Escuela Nacional de Policía Francisco J. Orlich B., fue colocada esta semana por el presidente Luis Guillermo Solís y el ministro Celso Gamboa. Esta ha sido una de las mejores noticias del año. Aplausos para el Gobierno por arrancar esta gran obra, que nuestro país esperaba desde hace veinte años. Gracias al gobierno y el pueblo de la República Popular China por su valioso aporte.
Las antiguas sedes de esta escuela, en Guadalupe y en Santa Ana, fueron convertidas en colegios. Hace pocos años la redujeron a un viejo edificio que otrora ocuparon dos comisarías de la capital. También algunos cuarteles fueron hechos museos. La histórica abolición del ejército dio sus frutos en la paz, la educación y la salud, pero los policías durante decenios fueron tratados como funcionarios de quinta categoría. Los politiqueros acuñaron una frase terrible: “Dele trabajito a este muchacho, aunque sea de policía.”
En 1994 logramos aprobar y poner en vigencia la Ley General de Policía y así comenzó la profesionalización de la Fuerza Pública. Ya en 1974, después del veto del presidente Figueres Ferrer, los diputados resellaron la Ley Orgánica del OIJ. Cuarenta años de una excelente policía científica, aunque con algunas épocas poco gratas. Tenemos miles de hombres y mujeres en las policías preventivas y represivas, que día a día arriesgan su vida por defender a los ciudadanos y a la nación.
Dos décadas atrás soñábamos con la unificación de todos los cuerpos policiales, como debe ser en un pequeño y moderno país, sin fuerzas militares. Siempre pensamos que el arranque de esa unidad policial brotaría de una fuente, de una casa de enseñanza de nivel técnico y universitario, para quienes decidan desarrollar las habilidades de tan importante profesión, sin distingos de OIJ, Fuerza Pública, Tránsito, penitenciaria, DIS, municipales, migración, fiscal y no recuerdo cual otra.
Dentro de pocos meses, los obreros y los ingenieros chinos levantarán los edificios de una moderna alma mater policial y entonces principiará un proceso crucial de reorganización, estudio, investigación y entrenamiento permanente para la policía costarricense, con un solo emblema.
Imagino a las muchachas y los muchachos aprendiendo juntos, con cursos básicos comunes, que los capacitarán y hermanarán, cualquier sea la rama del ejercicio profesional que escojan. Serán más que colegas, serán compañeros capaces de actuar siempre ética y profesionalmente.
Las tareas siguientes son trascendentales: nivelar y enseñar a las actuales generaciones, preparar y formar a las nuevas que en pocos años asumirán sus responsabilidades y abrir las puertas académicas para elevar los grados del conocimiento a los futuros oficiales.





