LA NUEVA URBANIDAD FORENSE
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- Posteados: 26 septiembre, 2014
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
En aquellos tribunales de antaño, con sus estrados de mármol, escritorios de maderas finas, butacas tapizadas para el público, pulcras paredes con enormes óleos de los ex-presidentes de la Corte Suprema de Justicia, sin abanicos eléctricos… cuando el secretario anunciaba el ingreso de los jueces, el respeto absoluto imperaba, entre litigantes y observadores.
Los juzgadores lucían sus trajes impecables y sus sobrias corbatas. Sin muñequitos de historieta, ni camisas chillonas. La seriedad y la firmeza del juez presidente era tajantes. El señorío y la seriedad judicial eran rigurosos y la puntualidad contundente.
Todavía hay muchos tribunales -que a pesar de sus salitas húmedas, incomodas y feas, con butacas de terminal de buses, con estrados bajitos y sillas despachadoras para los abogados- están integrados por juezas y jueces de muy alto nivel ético y profesional, estrictamente puntuales y respetuosos, cumplidos, serenos y satisfechos con el ejercicio de su sagrada vocación.
También he topado con algunos funcionarios que reflejan una nueva subcultura forense, nacida tras los tabiques de los despachos y desarrollada en un ambiente burocrático enrarecido. Esa nueva contra-urbanidad, sin cortesía, sin respeto, sin amabilidad y sin puntualidad, en la que sólo cuenta lograr diplomas (vacíos) en la universidad más cercana, para alcanzar los pluses salariales y preceder de pedantes abreviaturas sus nombres y aparentar…
Esos nuevos prospectos de “operadores de la justicia” han surgido sin buenas costumbres y sin haber leído el Carreño. Jueces que no se identifican al iniciar una audiencia. Jueces que no usan reloj y no se preocupan por el tiempo de ellos y de los demás. Fiscales que cancelan una reunión pocas horas antes y si explicación alguna. Fiscales que llegan media hora tarde a una audiencia y se excusan diciendo que “el atraso de debió a cuestiones de genero que no piensa revelar”.
No comprendo la razón por la que algunos jueces penales, si el defensor no llegó a la audiencia y las demás partes están presentes, incluida la víctima, no está en su estrado y en presencia de quienes asistimos se atreva a resolver “lo que en derecho corresponda”.
He visto auxiliares que llaman por teléfono a fiscales y defensores para que lleguen al tribunal, ya cuando las demás partes teníamos mucho rato de estar ahí.
Esa raída muletilla para acabar las audiencias: “vamos a suspender por lo avanzado de la hora”, debería ser sustituida por una frase sincera y cortés. Y qué decir de la cantaleta “el suscrito defensor” o “esta representación…” En fin, vivimos un proceso de cambio, hacia arriba o hacia abajo… veremos.
