Doña Laura lleva 17 años sin dormir tranquila
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- Posteados: 22 febrero, 2012
- Autor: adminblog
- Categoría: uncategorized
Si la señora presidenta dice verdad y debemos creerle, ella no duerme tranquila porque nuestras cárceles no son capaces de contener a los criminales peligrosos (ni a los demás).
Lo dijo esta semana a cuarenta y dos pisos de altura, en México. Eso es un buen motivo de desvelo. No hay duda. Aunque es más peligroso saber que hay mil delincuentes condenados que no están en prisión.
Es decir, la connotada política lleva más de diecisiete años de no dormir plácidamente, pues desde mediados de mil novecientos noventa y cuatro sabe que las celdas de máxima seguridad del Centro de Atención Institucional La Reforma no son seguras. ¡Eureka! Así lo constatamos en aquellos días para determinar si los asaltabancos venezolanos iban a ser recluidos en ese presidio, hoy llamado eufemísticamente “ámbito de convivencia”.
Entonces le comenté a la viceministra de Seguridad Pública y a la viceministra de Justicia (q.d.D.g.) esa situación y decidimos junto con el presidente y los otros jerarcas enviarlos a Venezuela, donde se fugaron de una cárcel de máxima seguridad y murieron en un enfrentamiento con la policía, mientras la Sala Cuarta les había declarado con lugar un recurso de hábeas corpus y se abrieron causas penales contra tres ministros, cuando era fiscal general el recién y nunca mal ponderado exministro de seguridad. En mi gestión como ministro de Justicia (1997) le informé muchas veces personalmente a la ya ministra de Seguridad, sobre la situación crítica del sistema penitenciario. Ella tomó nota. Cuando fue diputada, en la Comisión de Asuntos Jurídicos, suscribió un voto afirmativo de mayoría sobre el nefasto proyecto de Código Penal redactado por uno de sus amigos consultores internacionales. Amasijo de alcahuetería y ultragarantismo para fomentar la delincuencia. Por dicha no se ha aprobado.
Como vicepresidenta y ministra de Justicia, no hizo absolutamente nada por reforzar uno solo de los barrotes de cualquier CAI (en otros países se dice cárcel). Seguramente sus desvelos no le permitían promover el mejoramiento de la infraestructura penitenciaria.
El problema carcelario no es simplemente de barrotes podridos. Es mucho más grave y más profundo. Los niveles de corrupción son insospechados. Los recientes brotes de violencia representan los leves síntomas de la terrible descomposición y de la politiquería que impera en el sistema penitenciario. Hace varios quinquenios que la primera mandataria está al tanto de lo que allí acaece y lo único que ha hecho, aparte de instalar un aparato para impedir las comunicaciones de los antiguos teléfonos celulares, ha sido desvelarse y desvelarse y desvelarse.
En eso nos parecemos la mayor parte de los costarricenses a tan gentil dama. Nos desvelamos por los desvelos de ella, que durante tantos años no se ha decidido a solucionar este problema y dejar de desvelarnos… todos.
