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La deserción estudiantil

El desastre académico nacional está a la vista y la crisis no es reciente. La enorme deserción estudiantil es apabullante. Estamos perdiendo a las generaciones jóvenes. Los resultados de las últimas pruebas de bachillerato, merecen un análisis profundo de los educadores y los funcionarios encargados de la “política educativa”.

Parece que existe un complot entre algunos profesores de matemáticas y unos cuantos politiqueros… que impiden la debida enseñanza de esta ciencia a nuestros educandos. A la mayoría de los costarricenses no se les ha enseñado ni los principios básicos de la aritmética… a lo mejor para que no sepamos calcular con exactitud y comprender el bajo nivel de los politiqueros criollos. Con asombro he escuchado los cantos de las sirenas de la mediocridad, clamando por eliminar, de nuevo, esos exámenes. La inadecuada formación de los estudiantes que ingresan a las universidades es indescriptible: no saben sumar ni restar, no saben escribir, no saben hablar, no saben comportarse, no tiene disciplina…

La encuesta de IDESPO publicada esta semana en La Prensa Libre tambièn tiene que ver con las matemáticas y los politiqueros. La calificación popular de la Asamblea Legislativa es tremenda: nueve de cada diez costarricenses opinan desfavorablemente sobre ella. Frente a este panorama, no hay la menor duda sobre el profundo colapso que desquebraja vertiginosamente al Estado Costarricense. El estancamiento y la charlatanería cunden por todas partes. No contamos con una definición política y democrática sobre los grandes problemas de nuestro país. Nuestra constitución ha sido demolida por el comején del tiempo… ni la división territorial de siete provincias funciona. La real estructura organizativa del Estado no encuentra sustento en la normas fundamentales. La carta magna vigente es el principal valladar contra el progreso social y económico de Costa Rica… con todo y sus tales normas petrificadas… mejor dicho fosilizadas, que desde hace años no responden al nuevo pacto social que reclaman los ciudadanos.

El caos existente tiene su base en la destrucción politiquera del principio de autoridad. Debemos evaluar francamente la división de fuerzas y poderes que existen hoy en nuestro Estado, retomando la experiencia histórica de nuestro pasado. Hoy por hoy, el problema más grave de la Patria es la pésima y corrosiva formación académica y cultural que reciben las niñas, los niños y la juventud, tendente a producir consumidores compulsivos y profesionales incompetentes, fomentando, directa o indirectamente, la criminalidad.

Sin una educación comprometida con el progreso nacional y el desarrollo humano, no podemos hablar de democracia, ni pensar en el avance en los ámbitos vitales de nuestra economía, la seguridad, la salud y las comunicaciones.

El daño más grave que causa la politiquería cotidiana a nuestro pueblo: es la cruel masacre de almas juveniles que se quedan sin opciones de crecimiento personal…