La Facultad del Deber
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- Posteados: 2 mayo, 2012
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
Por supuesto que no existe en nuestro país una facultad del deber. Hay una Facultad de Derecho en mi alma mater y alrededor de veinticinco escuelas de derecho en las universidades privadas.

Miles de estudiantes de derecho, muchos releyendo fotocopias de cuadernos de apuntes y con pocos libros, algunos con acceso a internet, y muy pocos con bibliotecas especializadas. Combatí a principios de este siglo un “chinamo universitario” que graduó más de seiscientos licenciados en derecho, después de intensos cursos que no sobrepasaron los catorce meses. Después hubo quien se atrevió a decir que cuando recibíamos el carné de abogados todos éramos profesionales iguales… haya estudiado dos o diez semestres, haya leído decenas de libros o unas cuantas fotocopias.
La educación está colapsada y la enseñanza del derecho se ha convertido en el tobogán por donde muchos se deslizan para obtener un diploma. Y punto. En esas miserables condiciones la transferencia de datos es insignificante e innecesaria. Con lo poco que se aprende en muchas de esas aulas, basta una revisadita de los textos legales en internet y tendrá iguales conocimientos.
En la sociedad de la información las leyes de todos los países civilizados están en las grandes bases de datos que existen en internet. Todos, no solo quienes vestimos togas, podemos consultar, en la web, la información jurídica en sus tres esferas: legislación, jurisprudencia y doctrina. La pregunta obvia: ¿Es necesaria una toga merecida para interpretar correctamente la normas y resolver los conflictos legales?
Si le enseñanza del Derecho se constriñe a la memorización de leyes, lo que estamos graduando son simples tinterillos con título profesional. La esencia de la abogacía está en el instrumental teórico práctica indispensable para razonar y argumentar jurídicamente. Basta escuchar a algunos oradores forenses para percatarse de las terribles debilidades de sus discursos y se leemos sus memoriales podremos darnos cuenta de la terrible sintaxis que los adorna.
La carrera de Derecho debe arrancar con matemáticas –aunque sea aritmética-, lógica, sintaxis, oratoria y juegos. Solamente la capacidad de convencimiento de un abogado y su nivel ético es lo que determina la calidad de los servicios que pueda brindar. Los enormes vacíos en la formación de foro de hoy día son devastadores.
Estudiar Derecho es fascinante, es en pocas palabras aprender a aplicar las normas jurídicas para resolver los conflictos justamente y son apego a la ética. Ese aprendizaje es permanente, continuo y riguroso, no bastan los cinco años de estudios universitarios. El abogado que no estudia se disipa.
Pero de nada sirve el Derecho, si no somos capaces de estudiar los deberes. La otra cara de la medalla de la justicia. Ya es hora de fundar una Facultad del Deber, para que de allí brote el nuevo orden jurídico.