Gracias al Maestro Isidro Con Wong
- Estádisticas: 607 0
- Posteados: 22 febrero, 2012
- Autor: adminblog
- Categoría: uncategorized
De niño se escapaba a la playa a hacer sus esculturas de arena. Horas de creación y ensueño. Todos los materiales que el mar le entregaba eran las joyas de sus esculturas. Caracoles, conchitas, piedras, trocitos de madera y hasta ojos de buey.
A la mañana siguiente, su gigante y líquido amigo había borrado sus tiernas obras… y le
enseñaba con el sabio oleaje que “la vida es efímera”. Pero su mar le regalaba joyas para su creación. Era un chinito nacido en el año treinta y uno que soñaba, como ayer y como hoy.
Su papá no quería que fuera artista. Le prohibía los lápices y los pinceles, pero la fuerza de la vocación creadora, retumbaba en su alma, como las olas del mar amada de Puntarenas.
Su mamá le regalaba los frasquitos de tinta china y el niño gozaba del espectáculo blanquinegro, de la explosión maravillosa de las gotitas brunas sobre el níveo papel. Esa sensación universal de la inexistencia de color. Ese azabache, nocturno infinito y potente penetrando el albor de la luz, como le enseñó su abuelo: “en lo negro está lo claro… no es el fin de la oscuridad, sino el principio”.
La magia del golfo y el sortilegio de la pampa llenaban, gota a gota, la tinaja creativa del maestro de la forma y el color. Quizá con pintura y vino de coyol, surgieron aquellos “nocturnos” llenos de azul y de luz, llenos de toros maravillosos y árboles encendidos en cada una de sus hojitas.
Navegaba de su puerto al “barco de los cartagos”, esa pequeña islita, perla verde desprendida de la península, adorno del mar puntarenense. El aroma del color y el sabor de la luz llenaban de pintura y de movimientos luminosos el espíritu del inocente creador.
Los pinceles y las gubias bailaban en las gotitas chispeantes de la proa de sus fantasías. Setenta y siete años, en cada pintura, en cada escultura, en cada trazo, en cada cuerno de esos portentosos toros de giba musical. Cuernos cósmicos de bronce y de sol, para escuchar las voces del universo.
Toros valientes y misteriosos, con aretes de triunfo guerrero, frente al ataque del tigre tracionero. Bronce aliando del mago escultor, hecho fuego, hecho fuerza.
Toros y garañones pamperos, que suben sobre los árboles de guanacaste, a cosechar mangos de luces amarillas, verdes y anaranjadas.
Gubias esotéricas y pinceles sagrados, llenos de la fuerza y plenos de la magia del gran maestro autodidacta y genial: Isidro Con Wong.
Gracias Maestro, por su gran obra, orgullo de las Artes Costarricenses.