Anécdota de irrespeto y matonismo en un tren
- Estádisticas: 648 0
- Posteados: 22 febrero, 2012
- Autor: adminblog
- Categoría: uncategorized
Nuestra Patria se derrumba a diario. Lo politiqueros ni parpadean. El caos y la frustración social se expanden por doquier. La regla que impera es una sola: ¡Aquí no hay linderos, haga lo que le de la gana!…
De por sí no pasa nada. El martes 7 de febrero del 2012, a media mañana, en San José, en la intersección de avenida 10 con calle 13, durante varios minutos permaneció estacionado el tren Incofer número 2410. Obstaculizó el paso de los vehículos que transitaban sobre esa calle y debían seguir por la avenida. Hay fotos y muchos testigos, damas y caballeros.
Los minutos pasaban y el conductor tenía la puerta delantera abierta y se reía con su acompañante. De repente se subió en la cabina de mando un hombre canoso y de camisa roja, con una bolsa en la mano. Lo estaban esperando. Probablemente traía el pan para el desayuno o quizá se había bajado en la esquina anterior para comprar los tosteles en la panadería. Los tres hacían chistes y seguían con la máquina detenida. Los choferes protestaban y tocaban las bocinas de sus autos.
Al fin el conductor de la máquina decidió ponerla en marcha y se fue haciendo gestos groseros, cerrando sus puños y haciendo sus codos para atrás como un chimpancé alborotado y riéndose a mandíbula suelta. El irrespeto y la malacrianza de este “funcionario público”, empoderado en su tren, era repugnante. Podría tratarse de un simple y puro pachuco conduciendo un ferrocarril. O de algún adicto en crisis de abstinencia, o quizá un loco, o un borracho de goma, eso sólo lo sabrán sus jefes que permiten que un energúmeno de ese pelaje conduzca un tren por las vías férreas de la capital.
La conducta vulgar y agresiva de ese insolente, no es casualidad, es la propia de una sociedad sin límites, en donde el principio de “que cada quien asuma las consecuencias de sus actos” se ha olvidado y muy pocos lo respetan. ¿Cuántas veces ese conductor habrá actuado de esa manera o peor? La violencia en las carreteras se incrementa vertiginosamente. El número de muertos y heridos en las primeras semanas de este año así lo constata. El régimen de alcahuetería e impunidad propiciado por los politiqueros y el pésimo ejemplo que brindan los poderosos son el acicate de la catástrofe que nos asfixia. El comportamiento del conductor del tren 2410 no es un hecho aislado, ni mucho menos. Es sencillamente un ataque más a la convivencia social y las normas más elementales de respeto humano. Una anécdota más de tantas que acaecen a diario, donde el irrespeto y el matonismo se han apoderado hasta de las líneas férreas. ¿Nos seguiremos dejando?