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JÓVENES ABOGADOS: ¡GRITEN JUSTICIA!

Discurso pronunciado por Juan Diego Castro Fernández, el 26 de setiembre del 2013, en la graduación del  Colegio de Abogados.

Colega presidente del Colegio de Abogados, colegas que hoy se gradúan como abogadas y como abogados, colegas, amigas y amigos:

 Buenas tardes. Agradezco francamente la invitación para compartir algunas reflexiones con todos ustedes.

 La abogacía costarricense reclama desde hace más de 30 años un nuevo modelo que le permita superar la turbulencia ética y académica que atraviesa. El carcomido modelo de la enseñanza del Derecho se mantiene estancado desde hace decenios, manteniéndose en el caldo de cultivo de los decadentes valores en boga.

 La calidad de los programas de estudio ha descendido a profundidades insospechadas, la competencia mercantil entre las universidades privadas redujo los semestres a cuatrimestres, cursos que antes del presente siglo ocupaban 1  año, ahora son impartidos en menos de 8 meses.

 El nivel técnico de las recientes generaciones de profesionales en derecho ha descendido vertiginosamente.  La calidad de los servicios profesionales privados y de la jurisprudencia nacional, ha desmejorado asombrosamente.

 El añejo modelo de la abogacía seguirá desmoronándose día a día, hasta que emerja el cambio cíclico inevitable.  La crisis económica y social que afecta nuestra nación, es parte de la crisis generalizada que existe en el mundo.

 Desde que en 1973 inicié mis estudios de Derecho en la Universidad de Costa Rica, topé de frente con el dilema fundamental de la abogacía:  ¿Justicia o derecho? y hasta ahora, han sido los rumbos opuestos que percibo a diario en mi brújula ética y profesional, en mi bufete, en los estrados y la academia.

 Parece que la solución es muy simple y para toda clase de estudiantes y de abogados. Para unos será la ley, para otros a veces la justicia y a veces el derecho y para algunos siempre será la justicia.

 Yo soy pertenezco a ese último grupo, convencido de que si hay contradicción entre la norma y la justicia, ha de prevalecer la justicia.

 La ética profesional de la mayor parte de los 20.774 abogados costarricenses se reduce a un cursito de unas pocas semanas y a un reglamento disciplinario, que pretende inocular el mínimo de decencia indispensable para el ejercicio profesional.

 Es absurdo creer que un enjuague de principios de moral profesional y algunas citas románticas de los filósofos, podremos implantar un sistema de valores (de ética ciudadana) en quien no recibió la más leve formación hogareña, que al menos le inculcará el principio básico de la convivencia social: No le hagás a nadie, lo que no te gusta que te hagan.

 El colapso cultural que enfrentamos, tiene su origen en el modelo nacional asumido por la clase política, que reproduce la inequidad y erosiona los valores y principios de justicia, libertad y solidaridad.

Nuestra patria está enferma. Nuestra conciencia colectiva está atorada. La oscuridad de la ignorancia se expande aceleradamente.

 El Consejo de la Educación Superior Privada del Ministerio de Educación no ha contado, ni cuenta, con los recursos mínimos para supervisar la enseñanza del Derecho.

 Muy pocas de esas casas de estudios cuentan con biblioteca,  con textos adecuados, ni con departamentos de investigación y extensión universitaria. Las clases se basan en fotocopias de fotocopias de cuadernos de apuntes de algún alumno con buena letra.

 Ha habido casos de profesores que con un 1 de graduados imparten más de 5 cursos de diferentes disciplinas jurídicas y son miembros de tribunales de tesis en más de 15 ramas del derecho.

 La anudada madeja de corrupción, mediocridad y bajo nivel académico, constituye el caldo de cultivo de la falta de conocimientos y de entrenamiento jurídicos y de la carencia de  principios éticos. Situación  que infecta a la sociedad costarricense en general y al foro nacional específicamente.

 El análisis de la realidad de la enseñanza del Derecho y del ejercicio de la abogacía (público y privado) exigen el rigor en la pesquisa, una lente científica limpia y sobre todo una visión crítica y comprensiva de una realidad interconectada con la sociedad costarricense, con la humanidad y con el universo.

 Desde el año 2000 plantee que soñábamos con un nuevo paradigma de la abogacía, basado en el humanismo, en la ética, en los conocimientos técnicos y científicos y en la praxis profesional honesta.

 Cuando entonces asumí la presidencia del Colegio de Abogados me encontré con una absurdo proyecto para construir una lujosa gradería en la cancha de fútbol.

 Más de cien millones de colones iban a derrocharse en un capricho de los abogados mejengueros.  Afortunadamente la Junta Directiva frenó el desperdicio y acordó destinar esos fundos a la construcción del edificio de aulas.

 La abogacía costarricense es el reflejo de nuestra sociedad, de nuestra crisis, de nuestras inequidades, de nuestra mediocridad y sobre todo del “tiquismo” negativo que nos impide crecer y progresar libremente.

 La cantidad de togas convertidas en sayos es pavorosa. La calidad de los servicios profesionales y del nivel ético y técnico de los abogados son propios del tercer mundo.

 Debemos elaborar un nuevo modelo de la carrera de Derecho y de la abogacía, con una nueva visión del mundo, con criterios científicos avanzados, con un nuevo paradigma sobre la justicia, con la posibilidad de contar con las mejores herramientas de comunicación y sobre todo profundamente humanistas y comprometidos con el desarrollo del derecho como medio del progreso humano en libertad.

 Lo esencial de la formación jurídica no ha de ser el proceso de embutido de normas en la mente del estudiantado, es sobre todo enseñar-aprender a pensar jurídicamente. Sara, mi esposa, acuñó un concepto punzante:  “Pensar duele” y así es.

 Los grandes descubrimientos de los últimos años, la física cuántica, las nuevas teorías del conocimiento, la superación del reduccionismo y los avances posteriores al cartesianismo, pasan desapercibidos para los profesores de Derecho, para los abogados, para los jueces.

 Repensaremos los programas de estudios de Derecho a partir de los nuevos paradigmas de las ciencias, de las matemáticas, de la lógica, de la neurociencia, de la comunicación y sobre todo: bajo la lente humanista y libertaria, que nos permita provocar el quiebre de la conciencia legal, que propicie el crecimiento de los juristas con una visión superior para que sean capaces de pensar y repensar el Derecho y la jurisprudencia, criticándolo y reformándolo, hasta convertirlo en un mecanismo de real progreso y libertad activa.

 Nuestra impostergable tarea es diseñar y estructurar un nuevo modelo de la abogacía costarricense, que propicie el profundo conocimiento de las ciencias y las técnicas jurídicas basado en una nueva escala de valores, sobre las columnas del nuevo pensamiento y de la compresión humana, planetaria y cósmica.

 Imagino a los abogados y a las abogadas del futuro, con una posición clara ante la sociedad, frente la Tierra y el Universo.

Creo en un foro nacional con conciencia de su misión como constructor de una sociedad cada día más justa, mediante un ordenamiento jurídico sistemáticamente enraizado en la vida republicana y en la convivencia social pacífica.

 Visualizo a las abogadas y a los abogados, en el ejercicio público o privado de su profesión, como factores de promoción de la justicia,  mediante la adecuada comunicación con los demás operadores del derecho y con el resto de la sociedad, en busca del crecimiento armónico, en paz y libertad.

 Juristas conocedores de los avances de las ciencias y de sus nexos con el misticismo, conscientes del poder de sus palabras, responsables de su función social y compenetrados con el equilibrio planetario.

 Me siento optimista y lleno de esperanzas en el futuro.

 Jóvenes colegas:

 Les deseo suerte y dignidad en el ejercicio de la más bella y noble profesión, mezcla maravillosa de ciencia y arte: mi amada abogacía.

 Sigan aprendiendo y desaprendiendo. Nunca se rindan.

 Y recuerden siempre: cuando tengan que escoger entre justicia y derecho, no titubeen: ¡Griten Justicia!  

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