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Una semana de eventos y reflexiones

¡Vaya semana! Se fue el primer ministro de Seguridad Pública de este gobierno. El principal alfil del tablero electoral que llevó a doña Laura al poder. Cayó estrepitosamente y va para Colombia. Ahora vienen las patrullas con gps y una cajita de colorete en la chaqueta.

Un Tribunal Penal del Segundo Circuito Judicial de San José condenó a un millonario bodeguero a tres años de cárcel por haber retenido las medicinas del Seguro Social, pero acaban de contratar a su empresa otra vez, pues aún se presume inocente (la sentencia no está firme).

Otro Tribunal condenó por mayoría a ocho de los nueve acusados en el Caso ICE-ALCATEL. Un juez votó por absolver y dos juezas por condenar. Una sentencia que marca el lindero histórico de un ciclo político que agoniza. El debate nacional apenas principia. Lo evidente: Los descuidos espectaculares del anterior fiscal general. Lo importante: El pueblo costarricense ha recibo una gran lección que marcara la conciencia nacional. Una palabra reiterada y poco comprendida: anfibológica.

Un tratadista de moda y candidato a magistrado honorario de la Sala Tercera: Ferrajoli. Una grosería inédita: las expresiones vulgares de un defensor sobre las hormonas de las juezas. Tragedia: Ha sido pisoteada la sangre del mártir y héroe nacional el doctor Carlos Luis Valverde Vega por unos cuantos millones de dólares. La gran ramera de la corrupción: Alcatel.

La sociedad costarricense está impactada y probablemente la semana entrante saldrá otro fallo que provocará más estruendo político. Pero las condenas judiciales no han sido lo peor de esta semana. El desastre que todos conocemos y que ahora ha sido diagnosticado contundentemente por el Estado de la Nación, es la crisis más grave y peligrosa que enfrenta nuestra Patria. El colapso de la educación pública es una luz de alarma que muy pocos políticos quieren ver. ¡Qué horror!

La mitad de las chiquitas y los chiquitos entre 4 años y 3 meses y 5 años y 3 meses, no asisten a las aulas de preescolar. La mitad de los muchachos y las muchachas entre 16 y 17 años, el año pasado no se matricularon en los curso de décimo y undécimo. En el rombo de la educación pública tenemos dos vértices generadores de injusticia y exclusión. Los más pequeñitos y los más grandes, de kínder y de secundaria, quedan fuera del sistema. Desde el principio del proceso educativo hasta el final, están condenados al fracaso.

Mientras hay niñas y niños aprendiendo un segundo idioma y jugando con computadoras desde el maternal y jóvenes con una notebook para tomar apuntes en dos o tres lenguas en quinto año, hay decenas de miles de ciudadanos del futuro condenados a la miseria.

Lo paradójico es que los condenados de esta semana, son universitarios y ricos, tacaños… pero los condenaron a pagar los honorarios de los defensores públicos.