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Se agota la administración de justicia

Aceptamos los grandes retos de la actualidad jurídico-política y no nos tiembla el pulso para decir una vez más: Costa Rica necesita actualizar sus leyes y reorganizar el Poder Judicial, desde el vestíbulo hasta el último piso.

Seguimos dispuestos a enfrentar con mayor energía, cada uno de los grandes desafíos legales, empezando por la peligrosa mora judicial.

La administración de justicia se está desmoronando vertiginosamente y somos muy pocos los que nos queremos dar cuenta de lo que realmente acaece. Muchos de ustedes han sufrido a los lentos y muchos los seguimos resistiendo. Los lentos favorecen a los payasos, a los mentirosos y a los pillos. No hay duda. La cúpula judicial no se da cuenta y si lo sabe, es muy poco lo que hace.

Esa dañina lentitud judicial crece silenciosamente, día a día. Cuando al final estalle, si no hacemos nada ahora, será entonces una avalancha de corrupción y mediocridad, que arrasará lo que aún queda de democracia.

Una fiscala tarda casi tres meses para resolver nuestros escritos. Un juez civil demora más de cuatro meses para responder nuestras gestiones y cuando la Inspección Judicial lo investiga, resuelve todo con fecha anticipada y de manera absurda, para favorecer a la otra parte, retrasando el proceso seis meses o más, mientras el superior resuelve… de por sí es un asunto de criterio… La Constitución da 10 días a los funcionarios públicos para contestar a los particulares. Los jueces son funcionarios y algunos no respetan los términos, a otros se les olvida comunicar las órdenes de impedimento de salida del país de los imputados y el castigo que reciben por su descuido, es una amonestación. La colección de tortuguitas del magistrado presidente, será cada día más grande.

Ahora los litigantes mañosos, tienen un pervertido estilo forense, logran de mil maneras, que el expediente esté entre el motete de los “asuntos para resolver”. Ahí pasa engavetado durante muchos meses. Con sólo eso logran que su cliente se beneficie del transcurso del tiempo y lo más grave: que la otra parte se rinda ante la incapacidad del sistema. Lo peligroso es que en muchos casos hay compadre habladoo comadre hablada.

El precepto constitucional del artículo cuarenta y uno es contundente: “Debe hacérseles justicia pronta, cumplida, sin denegación y en estricta conformidad con las leyes”. La realidad nacional, como en muchos otros casos, es muy diferente, la justicia en Costa Rica no es pronta ni cumplida. Basta ver el símbolo de la Corte Suprema de Justicia… esa señora reseca, indiferente y herrumbrada que ni siquiera vuelve a ver al ciudadano que se arrastra desesperado a sus pies, agonizando ante el pavoroso tortuguismo judicial.