La Jareta Magistral
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- Posteados: 25 octubre, 2012
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
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Juan Diego Castro
Muchísimos lo sabían en los altos pisos del palacio de la Corte Suprema de Justicia. Los rumores eran mucho más sonoros que los gemidos de un encuentro fugaz entre expedientes y códigos. Tarde o temprano estallaría un magistral escándalo sexual. No es la primera vez, ni será la última. Los zaguanes de los sótanos y de los últimos pisos judiciales están alfombrados de decenas de leyendas erótico-tribunalicias.
Hay cuentos para todos los gustos. La jueza amante de un poderoso magistrado a la que todos le decían “mami”, quien tenía silla de honor en las actividades oficiales y en el lujoso despacho consultaban juntos el tarot algunas madrugadas. El funcionario que pagó servicios prostibularios con cheques sin fondos y se tuvo que venir de España con la renuncia bajo el brazo. Un magistrado que fue conocido como pornogato y estuvo en la picota muchas veces, pero siempre se salvó. Un fiscal que jadeaba como un cadejos desde su teléfono.
Los ascensoristas del siglo pasado contaban muchas historietas sobre damas de la noche en bochinches sexuales con un potente y ebrio togado. Las visitas sigilosas de damas que acudían a entrevistas magistrales para lograr un ascenso. Una bronca de elevador, entre dos funcionarias por un juez que lucía el mote de un componente del gallo pinto.
Cuando una funcionaria fue perseguida por los investigadores y la encontraron en un motel con un abogado, fue despedazada públicamente. Entonces no hubo tapujos, ni secretos reglamentarios, ni era a cambio de un ascenso o de un nombramiento. Simplemente la destrozaron, la lapidaron.
Hace más de veinte años, cuando una jueza, compañera de mi carrera en la Facultad de Derecho en los setentas, me contó sollozando que para lograr el traslado de un juzgado rural a otro de San José, debió desabotonar una magistral jareta… y fue ascendida.
Ahora aparece un magistrado en la picota mediática y una jueza que lo señala con toda su fuerza y con su rostro descubierto. No es un mero escándalo sexual. No es simplemente un asunto cubierto por el telón de la confidencialidad estatutaria. Se trata de uno de los veintidós políticos más poderosos de nuestro Estado, gravemente cuestionado. Se trata de un juez supremo que ha sido señalado por una jueza que le indilga cargos muy graves y que el Ministerio Público ya debe estar investigando.
El acoso es un comportamiento altamente agresivo, máxime si bajo amenazas laborales o académicas. Cuando hay acuerdo en el intercambio de sexo por premio, es un vil trato que corrompe la institución y la academia y ambos pervertidos sacan su provecho. En esos acuerdos sigue siendo válida la vieja frase de Kissinger: “El poder es el mayor afrodisiaco”.
Probablemente este escándalo llegue hasta aquí. Los reglamentos no dejan que el magistrado hable. ¿Y la transparencia política? La investigación tardará muchos meses. La memoria popular es flaca. Y será difícil que lleguen a sumarse los treinta y ocho diputados dispuestos a destituir al togado casanova.
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