¿Quién lucirá la próxima toga magistral?
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- Posteados: 28 noviembre, 2014
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
No lo sabemos, aunque ya fueron escogidos los cinco finalistas, dos damas y tres caballeros, es posible -como ha acaecido otras veces- que haya un “gallo tapado” que salte sobre la arena vinílica rodeada de curules.
Muy pronto la vacante magistral será ocupada por quien goce de la mayor fuerza política que lo impulse. No hay discusión. Treinta y dos candidatos, entregaron formalmente sus atestados en una ventanilla de Cuesta de Moras. Sólo la cuarta parte fueron mujeres. Entrevistar a tantos pretendientes fue una ardua y complicada tarea. La comisión parlamentaria, aplicó la zaranda técnico-ético-política y al final fueron descalificados veintisiete.
Los expertos elaboraron tablas de requisitos y cálculos para escoger a los cinco mejores. Los parámetros visibles utilizados, merecen un comentario aparte. Tomaron en cuenta diplomas y publicaciones, conocimientos, experiencia y probidad, pero no sabemos si la inteligencia emocional se valoró de algún modo. Revisaron la vida y obra de cada candidato y probablemente hurgaron más allá de las curricula. Después de minuciosos análisis y pactos políticos, será finalmente el plenario legislativo el que nombre a la persona, que al menos por ocho años lucirá la codiciada toga.
Desde mis tiempos de estudiante de Derecho, he escuchado encendidas polémicas en torno la elección de los magistrados. Las fórmulas para escoger a los mejores técnica y éticamente no se han decantado. El lapso de sus períodos y la reelección automática sin límite alguno, la necesaria prohibición de ejercer la abogacía liberal durante los diez años posteriores a la jubilación y el método de evaluación del desempeño de los togados en sus funciones.
A lo largo de mi vida conocí a muchos Magistrados: don Fernando Coto Albán que me juramentó, don Ulises Odio quien no podia creer que uno de sus secretarios era corrupto, don Hugo Porter y don Miguel Blanco, que fueron mis grandes maestros procesalistas. Sus consejos siguen siendo válidado: “Lean el código y revisen el expediente antes hacer un alegato.”
Los despachos de esos inolvidables juristas, sabios y humildes, valientes y honrados, ahora son ocupados mayoritariamente por hombres y mujeres nobles y estudiosos, pero hay algunos que su adicción al poder les enturbia la mirada y la razón.
Afortunadamente el tamiz de la comisión legislativa atrapó a una aspirante con especiales antedentes y poderosos contactos en los altos pisos de la Corte y el padrinazgo de un exmagistrado. Esa dama fue denunciada por sus conjueces de Tribunal ante la Inspección Judicial, debido a las presiones que ejerció sobre ellos. Extrañamente la causa prescribió. Denunciada además ante el Ministerio Píblico, con una solicitud de la policía judicial para deternerla, expediente que no se tramitó durante mucho tiempo y el mismo día de publicado un voto de la Sala Cuarta, que la dejaba en evidencia, la fiscalía pidió su sobreseimiento.
Entre el quinteto de juristas escogido, hay damas y caballeros de inmaculada trayectoria profesional y ética. La elección será entre personas de elevada catadura moral, siempre y cuando no brinquen las plumas – en el plenario- de una gallina o gallo tapado.
