Cargando

#ahítosdeinjusticia

Papá me enseñó la palabra “ahítos”, cuando era un chiquillo. Lo recuerdo emocionado, repitiendo las palabras de don Otilio Ulate, el mejor orador que él había escuchado en la vida. Aquel discurso incendiario quedó impregnado en su mente desde los aciagos años cuarenta.  No me explicó su significado. Era innecesario. Yo apenas empezaba a leer y a escribir en mi querida Escuela Domingo Faustino Sarmiento y no tuve que buscarla en la vieja enciclopedia de mi casa. Las conmovedoras frases de mi padre eran suficientes para entender su impactante simbolismo: “Estamos ahítos de tanta sangre… estamos ahítos de tanta muerte”.

Papá era un agricultor de vocación con un título de ingeniero agrónomo de Iowa State University,  figuerista y demócrata, marcado por la historia patria. Disfrutaba mucho de su radio de transistores rojo, donde escuchaba sus dos programas favoritos:  los partidos de futbol y las sesiones de la Asamblea Legislativa. No se que le entretenía más, si escuchar los discursos de Daniel Oduber, de Jorge Luis Villanueva, de su cuñado Marcial Aguiluz y de tanto otros “picos de oro” de aquellas épocas, o las narraciones futboleras de Luis Cartín o el Rápido Ortiz sobre los partidos de su adorado “Ballet Azul”. Sus posturas frente a la libertad y frente a la honradez eran tajantes y fuertes como un golazo de Leonel Hernández o del Pelirrojo Córdoba.

Hace casi nueve años mi padre retornó a La Luz. El tiempo vuela, pero deja huella, que solo el perdón borra y restaña la paz. Su partida marcó el inicio de la peor pesadilla existencial y judicial que he vivido, plagada de injusticias inéditas. Ya casi termina. Me preguntó casi a diario: ¿Qué pensaría papá con lo que está pasando en nuestra Patria?  ¿Qué diría del desastre que desbarranca al Estado y hace la Justicia caiga a pedazos?

Estoy seguro que la primera palabra que saldría de sus labios sería ahíto… ahíto de tanta corrupción, ahíto de tanta charlatanería, ahíto de tanta injusticia…  Ahíto. Ahíto. Ahíto.

Así estamos, ahítos de la clase política mediocre y corrupta, ahítos de la nobleza burocrática intocable, ahítos de la falta de imaginación de la costosa cúpula judicial, ahítos de ver y sentir que nuestra Costa Rica se derrumba y nadie hace nada.

Mientras por un lado los pillos con gabacha se roban la seguridad social, el hampa diezma a la sociedad, la mafia pudre todo lo que toca, los grandes burócratas chupan y chupan, las escuelas y los colegios no sirven de mucho a nuestros niños, las presas de carros son infernales, las carreteras y los puentes colapsan… por otro, los grandes temas de políticos y periodistas son la tiara del ministro, el cafecito de la procuradora y el viceministro y la chamba de la presidente del partido oficial y cualquier majadería de la farándula politiquera.

Las filas de los ahítos crecen todos los días: La conciencia sobre las grandes injusticias se eleva a cada instante. Los murmullos de frustración, los quejidos de rabia se suman y se suman en un potente grito nacional: #ahítosdeinjusticas. unnamed