35 AÑOS DE APASIONADA ABOGACÍA
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- Posteados: 9 mayo, 2014
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
Hoy estreno con mis colegas un nuevo bufete, treinta y cinco años después de iniciada mi andadura por los trillos polvorientos de los estrados. A diario agradezco al Altísimo las maravillosas experiencias, unas dulces otras amargas, obsequios de mi amada vocación.
He vivido intensamente cada litigio, cada alegato, cada sentencia. La abogacía es el oficio más noble y creativo, a pesar de quienes han trocado sus togas en sayos. Desde mis quince años tenía clarísimo el sendero que anhelaba transitar en mi existencia profesional. Mi decisión infantil fue muy fácil: quería dedicar toda mi vida a luchar por la Justicia.
Escogí más que el Derecho, la abogacía, mi gran pasión. Me encanta la docencia y la investigación jurídica. Hice mi posgrado en 1983, en la primera promoción de la Especialidad en Ciencias Penales de mi Alma Mater. Dediqué casi veinte años a la docencia del Derecho Penal y la Criminología en la Escuela Libre Derecho. Cientos de estudiantes pasaron por los pupitres de mi cátedra y juntos aprendimos a pensar y a discutir como juristas. En 1986 tuve la suerte de disfrutar de una beca de estudios en España y con colegas iberoamericanos iniciamos el proyecto “La automatización de la justicia”. ¡Soñábamos con la informática jurídica! Deslumbrados con el infinito horizonte que se abría para la abogacía y la judicatura. Hemos avanzado mucho más de lo que entonces nos imaginábamos y ni sospechamos lo que pasará en la próxima década. Las computadoras han invadido los estrados judiciales y la diosa Temis se ha digitalizado.
En 1969 aprendí mecanografía en 1969, en las máquinas Olimpia verdes, frente al retrato de San Juan Bautista de La Salle y el hermano Pedro. Cuando cumplí quince años mis padres me regalaron una pequeña máquina de escribir, “Hermes Baby” de cinta bicolor. ¡Cuántas cuartillas de mi colegio, de mi universidad y de mi vida salieron de ese rodillo marcado de millares de letritas del alma. La tecnología ha sido fabulosa, pasamos de las duras teclitas mecánicas a la pantalla táctil mi tablet. De la caligrafía Palmer a la firma digital. Que suerte he tenido al gozar de las novedosas herramientas (o armas) puestas al servicio de la abogacía.
Mi recuento vital es emocionante. Basta con parodiar al maestro Pablo Neruda: “Confieso que he vivido”. He amado, he trabajado, he luchado y sigo aprendiendo. Mis primeros pleitos en los juzgados de Cartago. El caso de Doña Juanita y don Benjamín Araya, víctimas de un desalmado usurero. La defensa de Ventura Ramírez, sobreseido de homicidio culposo. Mi primer juicio oral frente al juez Jorge Castillo. El remolino tribunalicio muchas veces me ha lanzado a la ribera del triunfo y otras a la de la derrota. Estoy convencido que el litigio es siempre misterioso y laberíntico, donde la buena estrategia y la razón legal siempre se reflejan en el espejo de la incertidumbre judicial.
De menos de dos mil abogados en 1979 a más veinte mil en el 2014. De una Escuela de Derecho a veinticinco universidades que sellan títulos de licenciados en Derechos. De jueces de toga impecable a jueces acusados de intentar asesinar a sus colegas. De un Poder Judicial dedicado a la administración de justicia a un Poder Judicial caórdico, enfermo de elefantiasis institucional, lento, perezoso, descuidado.
Hoy la abogacía exige más entereza, más trabajo intelectual, más valentía para enfrentar la mediocridad y la lentitud y sobre todo valores y principios inclaudicables para mantener el nivel ético en el ejercicio profesional.
Por tres décadas y media he cumplido con mi deber. Duermo tranquilo y vivo en paz. Vivo feliz, trabajando a diario en lo que más me gusta, en mi escritorio y en los estrados, analizando los casos que atiendo con mis colegas de JÚRISIS. Dirigiendo los litigios que asumimos en nuestro bufete, con socios, colegas y pasantes honrados, inteligentes y leales. No podría ser abogado en un bufete en el que la hipocresía, la deslealtad y la angurria sean los blasones de sus miembros.
La más importante y valioso de mi viaje profesional, ha sido compartir la pasión por la abogacía con mis colegas de JÚRISIS. Sigo soñando con un ordenamiento jurídico que propicie el desarrollo humano, la libertad y la justicia. Creo en la Justicia, pronta y cumplida, alejada de la politiquería y la corrupción.
Gracias a mis clientes, por su confianza y su aprecio. Gracias a los jueces honestos y firmes. Gracias a los fiscales honrados y comprometidos con la verdad. Gracias a mis colegas honrados y trabajadores. Gracias al Altísimo.
