De Hipócrates a Frankenstein
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- Posteados: 20 junio, 2013
- Autor: adminblog
- Categoría: Juan Diego Castro
Recuerdo los primeros médicos que conocí, los hermanos Guillermo y Arturo Robles Arias. Además de primos, fueron excelentes profesionales y sobre todo médicos de vocación y de honorabilidad incuestionable. Mis imágenes infantiles siguen frescas en mi memoria, cuando llegaban a casa, mis hermanas y yo enfermos de sarampión o de paperas, ellos con su maletín de cuero negro, con sus caramelos y siempre con una sonrisa para brindar su amable atención. A lo largo de mis casi seis décadas he topado con excelentes doctores, de un elevado nivel técnico y sobre todo humanistas y honrados. Pero desgraciadamente he visto y he sufrido las conductas reprochables de quienes han convertido sus blancas gabachas en sucios sayos.
La noticia de ayer, aparecida en La Prensa Libre, es espeluznante. Un jefe de servicio hospitalario, catedrático universitario, médico especialista de larga trayectoria, cambió sus juramentos por unos miles de dólares en su cuenta bancaria. ¡Que barbaridad!
Ayer conversaba con una brillante doctora sobre el bajonazo del nivel ético de los profesionales en general y en especial de los médicos. Y coincidí con ella en su enfoque: La universidades están formando técnicos alejados de la realidad, sin formación moral, ni concepción humanista. Agrego: profesionales fríos, endiosados, distantes y con un objetivo vital: hacer dinero.
Hace algunos meses, un estudiante de medicina espetó en las redes sociales que ojalá un tsunami acabará con el hospital de niños. Ahí quedó en evidencia la crisis que afecta a la sociedad costarricense. Las familias, las escuelas, los colegios y las universidades no forman a los ciudadanos dentro de las reglas éticas elementales, mientras el ataque pertinaz de consumismo siembra en las mentes la ansiedad de comprar y comprar, aparentar y ostentar. “Lo importante es tener, no ser.”
El tráfico de personas y la compra-venta de órganos humanos, son delitos de lesa humanidad, aquí y en cualquier parte. Los mercaderes con gabacha han trocado la estatua de Galeno por la de Víctor Frankenstein. Las penas previstas por nuestro derecho penal, para este tipo de crímenes son tan altas como las impuestas a los demás mafiosos. La dañosidad social de estos hechos es insospechada. La afectación al gremio médico no tiene parangón. El impacto negativo para nuestro país a nivel mundial es gravísimo.
Los nosocomios, públicos o privados, que se prestan para que los mercaderes con guantes estériles usen sus quirófanos para cometer estos crímenes, deben rendir cuentas y asumir sus responsabilidades.
Hoy la septicemia social parece incontrolable, el germen de la ambición y el virus de los dólares fáciles están causando estragos en nuestra sociedad… ¡Ay Costa Rica!…
