
Casta nefasta
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- Posteados: 5 julio, 2016
- Autor: Juan Diego Castro
- Categoría: Mi patria victimizada
Ese grupúsculo parasitario, enquistado en el tuétano de la administración pública, que se reproduce metásticamente y que chupa y chupa y chupa millones de millones de colones. Esa nata dañina que traga los impuestos de los contribuyentes, para enriquecerse y disfrutar de prebendas inimaginables. Esa nobleza surgida de los antiguos pegabanderas y aduladores de los politiqueros, que se sirve a diario con el cucharon del cinismo.
Esa casta nefasta que tiene sumida a la sociedad civil en el caos y la frustración, con sus salarios de lujo, con dietas despanpanantes, con dedicaciones exclusivas disfrazadas, con pluses por aquí y pluses por allá, repleta de incompetentes certificados, mañosos de mil pretextos, sin imaginación para resolver los más leves problemas.
Esa argolla de vividores incapaz de buscar el remedio a los grandes conflictos que enfrenta el pueblo costarricense desde años. Nada les importa, más que sus sueldos inmerecidos, sus lujillos de funcionarios, pasar los calendarios tranquilamente y esperar una buena pensioncilla.
La Patria está tomada por ese matapalo que impide a las ramas del progreso y la equidad, cubrir a la mayoría de las ciudadanas y de los ciudadanos. Esa élite autoelegida, prepotente y vagabunda, que no tiene ningún interés por nuestra nación.
Un inspector judicial que se atreve a visitar un lupanar en un vehículo oficial, es nada más que la caricatura del desmadre criollo. Veinte o treinta años para hacer una carretera. Diecisiete años para desarrollar el expediente electrónico del seguro social y todavía no está listo. Doce años analizando las posibles reformas al Poder Judicial y aún la cúpula no ha acabado. Cuarenta años pensando en construir el aeropuerto en Orotina y aún nada.
Mientras tanto, nuestros quinientos mil kilómetros de mar están abandonados y los particulares deben hacer recolectas para comprar una lanchita que cuide la isla del Coco. Nuestras carreteras y nuestros puentes han colapsado desde hace decenios; la justicia pronta y cumplida fue borrada de las páginas de la Carta Magna; los magistrados quieren seguir la nueva tradición de concluir sus carreras en capilla ardiente y los altos burócratas están apoltronados en sus escritorios. A esa casta, cara y perezosa, no le importa nada, nada, nada.
Esa casta nefasta, lo único que le interesa es el pago fijo cada quincena y la pensión.


